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INFIRMOR SED POTENS (Cuando soy débil, entonces soy fuerte: 2 Cor 12, 10)
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que procede de Dios (1 Cor 2, 12), el Espíritu de su Hijo, que Dios envió a nuestros corazones (Gal 4,6). Y por eso predicamos a Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los gentiles, pero para los llamados, tanto judíos como griegos, es Cristo fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1,23-24). De modo que si alguien os anuncia un evangelio distinto del que recibisteis, ¡sea anatema! (Gal 1,9).
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lunes, 31 de marzo de 2025
miércoles, 26 de marzo de 2025
Monseñor Lefebvre, 34 años después: el profeta incomprendido de nuestro tiempo
Ayer, 25 de marzo, la Iglesia recordó —aunque en muchos ámbitos aún en voz baja— el 34º aniversario del fallecimiento de Monseñor Marcel Lefebvre, arzobispo católico, misionero, fundador de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X y, sin duda, una de las voces más proféticas del siglo XX.
Cuando en plena tormenta posconciliar todo parecía derrumbarse —la liturgia, la fe, la formación sacerdotal, la moral—, Monseñor Lefebvre se mantuvo firme en la Tradición de la Iglesia, no por nostalgia, sino por convicción. Fue testigo de primera línea del Concilio Vaticano II, y no tardó en advertir los peligros de ambigüedades doctrinales que abrían las puertas al modernismo. No calló, y por ello fue señalado.
Muchos lo acusaron de desobediencia cuando, en 1988, consagró cuatro obispos sin mandato pontificio. Pero quienes lo conocieron de cerca saben que fue un acto doloroso, no de rebeldía, sino de supervivencia: la Tradición no podía morir. Lo hizo “para preservar el sacerdocio católico y el sacrificio de la Misa”, como él mismo declaró. Le costó una excomunión declarada por Roma… pero el tiempo le fue dando la razón.
En 2009, Benedicto XVI —con gran sabiduría y caridad pastoral— levantó la excomunión a los obispos consagrados por Lefebvre, reconociendo implícitamente que la situación era más compleja de lo que algunos querían admitir. El propio Papa alemán reconoció que lo que movía a la FSSPX no era la herejía, sino un apego firme y legítimo a la Tradición. Años antes, ya había liberalizado la Misa tradicional con Summorum Pontificum, rehabilitando la liturgia que Lefebvre jamás quiso abandonar.
Hoy, su legado está más vivo que nunca: miles de fieles, familias, vocaciones, seminarios florecientes… ¿No será este el fruto de un árbol bueno? Quienes en su tiempo lo tildaron de cismático callan hoy ante el derrumbe doctrinal y litúrgico que él denunció con claridad profética hace más de cinco décadas.
Monseñor Lefebvre murió el 25 de marzo de 1991, en la fiesta de la Anunciación. Tal vez no sea casual: él también dijo “fiat” a una misión que no pidió, pero que aceptó por amor a Cristo y a su Iglesia.
A 34 años de su partida, muchos ya no dudan en decirlo abiertamente: Monseñor Lefebvre fue un visionario, un obispo fiel que prefirió ser malinterpretado antes que traicionar lo recibido. La historia aún le debe justicia.
Jaime Gurpegui
RETIROS ESPIRITUALES
Hace algunos días incluí un comentario en una entrada anterior que decía: “Estoy de acuerdo con usted: cuidado con los retiros espirituales, sobre todo si son ignacianos. Vade retro!”. Recibí como respuesta un par de acotaciones de lectores del blog que muy enfáticamente me advertían acerca de los riesgos de mi condenación eterna por expresarme de ese modo. He pensado por eso mismo que vendría bien exponer cuál es mi opinión sobre el tema.
Da la impresión que mucha gente conservadora o tradicionalista considera que los retiros espirituales son indispensables para la salvación eterna. Y es falso. En primer lugar, porque la Iglesia en ninguno de sus preceptos nos manda hacer retiros y porque tampoco lo mandan los mandamientos. Por otro lado, tenemos una buena cantidad de santos que nunca hicieron retiros espirituales y, sin embargo, alcanzaron la salvación. Ya demasiado tenemos con diez mandamientos y cinco preceptos que cumplir para que nos quieren añadir otros. Se trata de un caso análogo al de muchos que están deseando que el Papa se dedique a definir dogmas anualmente, y cuantos más dogmas tengamos mejor… como si creer fuera cosa fácil, y como si no fuera ya suficiente con lo que proclamamos en el Símbolo de la fe.
Que los retiros espirituales no sean obligatorios no significan que no sean recomendables. Claro que lo son, y creo que todo buen cristiano debería procurar dedicar algunos días al año, o algunas horas al día, a retirarse espiritualmente. Y aquí entra a tallar otra cuestión que tiene que ver con el tipo de retiro espiritual que se trata.
Si nos referimos a lo que podemos denominar retiros espirituales estructurados (en los que el “ejercitante” recibe varias prédicas por día por parte de un sacerdote y sobre las cuales debe meditar), hay que decir que son una invención moderna. No conozco los datos históricos concretos —y si alguien los tiene le agradeceré que nos los pase— de cuándo comenzaron, pero se me hace que no será antes de los siglos XIV o XV. Es decir, apenas si ocupan un cuarto de toda la historia de la Iglesia.
Por cierto que anteriormente existían los retiros espirituales, pero no del modo estructurado o moderno: consistían, simplemente, en que el cristiano se retiraba algunos días a un monasterio y allí, siguiendo los oficios litúrgicos y bajo la guía ocasional de algún monje, hacía su retiro. Era un modo mucho más natural y libre de retirarse del mundo, porque tampoco tiene mucho sentido alejarse de los ruidos seculares para caer presa de los ruidos, y de las peroratas, clericales. Y este tipo de retiros se dio a lo largo de toda la primera etapa de la cristiandad. Cuenta Paladio en su Historia láusica, que Evagrio Póntico, cuando dejó Constantinopla, se retiró a un monasterio en Jerusalén donde tomó la decisión de retirarse el desierto egipcio. Y cuenta el amigo y biógrafo de San Elredo que éste se retiró al monasterio de Rieval mientras era funcionario de la corte del rey David I de Escocia, y fue allí donde decidió hacerse cistercience. Es decir, la historia nos dice que un santo del siglo IV y otro del siglo XII hacían retiros espirituales no estructurados: simplemente, se retiraban a un monasterio.
¿Todos los que hacían retiros encontraban allí la vocación religiosa? No; lo que ocurre es que nos han llegado los datos históricos de aquellos que no solamente tomaban estado de vida religioso sino que, además, sobresalían en él. Esto no implica, sin embargo, que los seglares acudieran en masa a los monasterios para retirarse. Tengamos presente que se trataba de una época en la que se respiraba la cultura cristiana y donde, quien más, quien menos, cumplían sus deberes religiosos. Por otro lado, la vida de las ciudades —que eran de dimensiones reducidas— y de los pueblos y villorrios, estaba regida por la liturgia que actuaba como una suerte de retiro permanente. Sin pretender idealizar, lo que quiero decir es que la necesidad de retirarse del mundo es mucho mayor hoy que en la Edad Media. O mejor, pongámoslo del revés: El hombre contemporáneo está más alienado en las cosas del mundo que lo que lo estaba el hombre medieval.
Que todos los monasterios tuvieran hospedería y que San Benito dedique unas cuantas páginas de su Regla a hablar de los huéspedes, está indicando que era función importantísima de los monjes recibir a los peregrinos. Muchos acudirían simplemente como una posta en un largo viaje, otros porque no tenían donde ir y otros porque necesitan retirarse. Y el retirarse consistía fundamentalmente en participar en los oficios monásticos. Recordemos que pocos eran los laicos que sabían leer y, quienes sabían, no siempre tenían acceso a los libros porque eran extremadamente costosos, por lo que tampoco se trataba de un retiro dedicado a leer las Escrituras o los sermones de San Agustín. Para eso habrá que esperar a la imprenta. Retirarse era dedicar tiempo a Dios participando de su culto en la liturgia y en el corazón.
Estos son, en mi opinión, los mejores y más fructíferos retiros espirituales: buscar un monasterio, hospedarse allí tres o cuatro días, participar de los oficios, tener algún buen monje a mano para hablar si resulta necesario y, ahora que todos sabemos leer y tenemos fácil acceso a los libros, llevarse la Biblia y un par de buenos libros de autores espirituales, y dedicar tiempo a la lectura sosegada y receptiva a la voz del Espíritu que sopla en la brisa monástica. Esto es un retiro tradicional, o un retiro tal como lo entendió la tradición de quince siglos de la Iglesia.
Aquí, claro, hay un elemento fundamental para tener en cuenta, y es que no todos están preparados para este tipo de retiros. Es necesario que la persona tenga un cierto camino recorrido en la vida espiritual para que esos días de apartamiento le sirvan de algo. Si largamos a alguien inmerso en el mundo a un monasterio con cuatro o cinco libros y el horario de las horas canónicas, lo más probable es que pierda el tiempo. Como decían los Padres del Desierto, en las soledades monásticas la distracciones y ataques de los demonios no vienen de las cosas, que son muy pocas, sino de los pensamientos. El pobre hombre no hará más que aburrirse y distraerse durante sus días de retiro. Por eso mismo, en estos casos quizás sea conveniente recurrir a los retiros estructurados. Y esto suele ser un problema porque estos retiros pueden ser no ya una pérdida de tiempo, sino un verdadero peligro para la fe o para la psicología de quien los hace.
No es necesario aclarar que, si el retiro lo predica un cura progresista, no servirá absolutamente de nada más que aprender algo de sociología barata y derechos humanos en liquidación. Todo permanecerá en la horizontalidad de lo humano a lo que esta gente ha reducido la religión. Y por eso serán muchos los que dirán: “Que haga un ignaciano, que tienen éxito garantizado”. Pero yo no estaré de acuerdo.
Reconozco que tengo tirria a los ejercicios ignacianos aunque creo que no es una aversión injustificada. Hice muchos durante muchos años: de una semana e, incluso, de mes: jamás me sirvieron de nada; más aún, en la mayor parte de los casos me hicieron daño. Seguramente se debió a mis defectos. Sin embargo, cuando descubrí para mi sorpresa que habían otra clase de retiros que no eran ignacianos —y que eran sistemáticamente invisibilizados muchos sacerdotes—, e hice uno de ellos, en este caso predicado por un sacerdote del Opus De, fue un bálsamo y un enorme alivio espiritual. Y de allí en más, siempre fue así. Por eso, tengo muchas reservas con respecto a la actitud de muchos que creen que arriando a la gente a hacer ejercicios ignacianos lograrán indefectiblemente un bien. En todo caso, restrinjo mi reserva: una cosa es ser arriados por el Santo Cura Brochero y otra por un curita cualquiera. Recuerdo que en mi época de juventud, en ciertas diócesis que pasaban por conservadoras, se predicaban varias tandas de ejercicios por año, para varones y para mujeres, y lo más asombroso de todo es que los predicadores eran buenos muchachitos con dos años, o dos meses, de ordenados. ¡Qué disparate! Un joven de 24 años es un joven de 24 años por más cura que sea y por más libreto ignaciano que tenga en las manos y, por eso, es un mono con navaja. Todos sabemos que el ambiente que se crea en los retiros generalmente deja a la persona muy vulnerable a nivel emotivo y, por eso mismo, con muchas posibilidades de ser manipulada, aunque sea con la mejor de las intenciones del predicador. ¿De qué otra manera se explican si no, la carrada de “vocaciones” que sacaban los sacerdotes de ciertos institutos religiosos argentinos sino por la manipulación lisa y llana que el fundador y sus secuaces ejercían sobre los pobres jóvenes que se avecinaban?
Por eso —y esta es mi opinión y no es más que eso—, digo que el mejor retiro y más acorde a la tradición, es retirarse a un monasterio. Si por un motivo u otro se considera conveniente embarcarse en un retiro estructurado, mirar bien qué tipo de retiro se busca, y esto se sabrá de acuerdo a la espiritualidad de cada uno porque es bueno saber que la escuela ignaciana es sólo una de tantas escuelas de la espiritualidad católica. Y, sobre todo, quién lo predica. Insisto, aquí es donde reside el peligro del que hablaba en mi comentario que dio pie a esta entrada. Aún cuando el predicador tenga la mejor de las intenciones, es capaz de hacer mucho daño. Se necesita un abba, es decir, un padre. Y abba se hace, no se nace, ni se consigue con la sola imposición de manos.
Escolio 1: Un dato que vale la pena recordar. Más de una vez escuché decir que la Santísima Virgen era la que habían inspirado a San Ignacio de Loyola los Ejercicios Espirituales en la cueva de Manresa. Lo cierto es que, si hubo inspirador, fue García de Cisneros, abad de Monserrat. Está claro que el libro de los Ejercicios es una buena copia o adaptación si se quiere (los jesuitas lo llaman “recreación”) del Ejercitatorio de vida espiritual, escrito por Cisneros, y mediado por un resumen previo, realizado por un monje anónimo de la misma abadía de Monserrat, llamado Compendio breve de ejercicios espirituales. Concretamente, lo de San Ignacio es el resumen de un resumen. Y esto no va, claro, en su desmedro. Era una práctica muy habitual aprovechar lo que otros habían escrito, y eso no significaba ni plagio ni deshonestidad. Pero lo cierto es que los ejercicios ignacianos, de “ignacianos” tienen menos de lo que se cree.
[Este artículo fue publicado originalmente el el 11 de mayo de 2017]
WANDERER
martes, 25 de marzo de 2025
La democracia como 'pérdida de tiempo': el PSOE asume una consigna de los totalitarios
La ministra portavoz del gobierno, la socialista Pilar Alegría,
en la rueda de prensa celebrada este martes 25 de marzo en La Moncloa.
España está contemplando como su gobierno recorre, cada vez con más descaro, el camino que nos aleja del sistema democrático.
Los signos de autoritarismo del gobierno de Pedro Sánchez
El gobierno de Pedro Sánchez, una coalición de socialistas del PSOE y los comunistas de Sumar, empezó a recorrer ese camino con su intento de controlar el Poder Judicial, su ataques a derechos constitucionales (como los que hizo confinando ilegalmente a los españoles durante la pandemia), su concesión de privilegios penales a sus aliados (los más escandalosos han sido los recogidos en la amnistía otorgada a los líderes del golpe separatista de 2017) y su colonización política de toda clase de instituciones (convirtiendo el Estado en una agencia de colocación de militantes y simparizantes socialistas).
A la lista de actitudes antidemocráticas de este gobierno hay que añadir sus ataques a la libertad de información (copiando las recetas del dictador Vladimir Putin para controlar a los medios de comunicación), su falta de transparencia (tenemos el gobierno más opaco que ha habido en España en casi medio siglo de democracia) y su constante desprecio a la labor de control del Parlamento, en el cual Sánchez y sus ministros se dedican sistemáticamente a contestar cualquier pregunta de la oposición con ataques a sus rivales y sin ofrecer ninguna explicación, además de ser el gobierno que más decretos ha aprobado en el actual régimen democrático, recurriendo de forma cotidiana a un mecanismo que la Constitución limita a casos de "extraordinaria y urgente necesidad".
El partido de Pedro Sánchez perdió las últimas elecciones generales
Esto no lo está haciendo un gobierno con mayoría absoluta: es un gobierno de un partido que perdió las últimas elecciones generales y que compró su permanencia en el poder haciendo toda clase de concesiones ilegales a sus socios separatistas, endosando a los españoles la cada vez más abultada factura que deja el afán de Sánchez por aferrarse al poder a cualquier precio. Lo que está pasando en España no es algo nuevo en la historia: es un caso típico de creencia en la idea de que todo vale en política y de desprecio a los contrapesos democráticos, dos ingredientes que nunca faltan en aquellos países sometidos a una deriva autoritaria.
El gobierno dice que presentar los presupuestos es «perder el tiempo»
Hoy mismo hemos visto la última exhibición de falta de respeto a la democracia por parte de este gobierno. En una rueda de prensa en el palacio de La Moncloa, la portavoz del gobierno, la ministra Pilar Alegría, ha dado a entender que el gobierno no presentará los presupuestos "para no perder el tiempo", ya que carece de los apoyos necesarios para poder aprobarlos. Esto es una violación del Artículo 134 de la Constitución, que señala la obligación del gobierno de presentar los Presupuestos Generales del Estado con carácter anual.
Hay que señalar que los presupuestos llevan prorrogados desde 2023 por la incapacidad del gobierno para obtener los apoyos necesarios para aprobar unos nuevos. La diferencia este año es que el gobierno ya ni siquiera se quiere esforzar por cumplir su deber de presentarlos. Pretender gobernar al margen del Parlamento, a pesar de estar en minoría, y para ello asume una de las consignas habituales de los totalitarios, que consiste en presentar la democracia como una "pérdida de tiempo", frente a la cual el modelo autoritario se autorretrata a sí mismo como un ejemplo de eficacia y ahorro.
Deben convocarse unas nuevas elecciones y que los españoles decidan
No debemos tolerar esto. Que el gobierno deba rendir cuentas ante el Parlamento no es una pérdida de tiempo: es uno de los pilares de la democracia, un sistema de gobierno que podrá tener muchos defectos, pero que es mucho mejor que todas las alternativas conocidas. Quienes presentan la democracia como una pérdida de tiempo son los que pretenden gobernar como en una dictadura, que es precisamente lo que Sánchez y su gobierno están haciendo en España.
Ante esa deriva autoritaria, los españoles debemos pedir con más fuerza e insistencia la convocatoria de nuevas elecciones. Si el gobierno carece de los apoyos necesarios para gobernar, la alternativa no debe ser que Sánchez ejerza el cargo como si fuese un dictador. España es una democracia y si el gobierno no puede cumplir sus deberes, debe renunciar y dar paso a que los españoles elijan uno nuevo. Lo contrario es instalarnos en un modelo político que es muy del gusto de los socialistas (basta con ver lo ocurrido en Venezuela) pero que debería provocar el rechazo de todos los demócratas.
ELENTIR
El Papa regresó a Santa Marta. Una buena noticia
Puede parecer raro que en este blog consideremos que es una buena noticia, más aún, una muy buena noticia que el Papa Francisco haya regresado a Santa Marta, aunque allí le espere una larga convalecencia de la que no sabemos cómo y cuándo saldrá.
Lo cierto es que en el Vaticano las cosas se han complicado mucho más de lo que nadie podía esperar, y la afirmación del cardenal Víctor Fernández sobre que el pontífice “tendrá que aprender a hablar nuevamente”, no debe tomarse como propia de un deslenguado. Creo que fue el modo de advertir indirectamente que Francisco estaba perdiendo control del gobierno de la Iglesia: un anciano que apenas si balbucea no puede tomar las decisiones que día a día se publican. Y el cardenal regalón del pontífice está como loco porque no es él quien le presenta los documentos para firmar, como hizo durante mucho tiempo, sino otros. ¿Quiénes son esos otros? Todos coinciden en que es el cardenal Parolín. La presencia del Papa en Santa Marta quebrará el aislamiento y, como se comenta, es probable que interponga entre él y el avispero que lo rodeará, alguien de extrema confianza que le cuide las espaldas, y la firma. Se dice que ni siquiera sería un cardenal.
Pero más allá de este hecho, que veremos cómo termina y cuánto tiempo dura, lo cierto es que, si el Papa moría de esta enfermedad, el cónclave iba a ser mucho más complicado y peligroso para la Iglesia que lo previsto. El cardenal que más chances tiene de ser elegido en estos momentos es Pietro Parolin. Como buen italiano, ha sabido hacer una carrera prolija y bien diseñada, con buenos modales y tejiendo alianzas con todos los grupos de la Iglesia, excepto con los tradicionalistas a los que considera irremediablemente perdidos (es conocido por su férrea oposición a la misa tradicional y por ser uno de los instigadores de Traditionis custodes). Su habilidad le ha valido que, a pesar de la tendencia del Papa Francisco a desprenderse de sus colaboradores más cercanos con cierta frecuencia, Parolin ha permanecido doce años en su cargo. Sin embargo, lo dio por muerto antes de tiempo y comenzó a comportarse como Papa suplente. Habría sido esta actitud la que precipitó el alta del Gemelli: no es lo mismo un Papa enfermo en un hospital que en el Vaticano.
Todos en los Sacros Palacios saben que Bergoglio no quiere a Parolin, y que Parolin no quiere a Bergoglio. Dos ambiciosos el poder lógicamente deben repelerse mutuamente. Y es por eso que el Papa está haciendo todo lo posible para dificultarle su carrera al solio petrino. Ya relatamos aquí la extensión que le concedió el Papa al cardenal Giovanni Battista Re como decano del colegio cardenalicio, puesto al que sin dudas iba a acceder Parolin; y sabemos también que el primer rosario en la Plaza de San Pedro fue dirigido por Parolin y no por Re, que tiene precedencia sobre él. Danzas de palacio para imponerse en el imaginario de los purpurados de todo el mundo. Y será Parolin también quien, el 2 de abril, presidirá la misa por los 20 años de la muerte de Juan Pablo II; un gesto cargado del cinismo propio del Vaticano: el Papa que abandonó la ostpolitik y protagonizó la caída del comunismo en Rusia y Europa del Este, será celebrado por el cardenal que renovó esta fracasa política de acercamiento a los gobiernos comunistas a través del acuerdo con el gobierno chino, por el cual entregó a la Iglesia y a sus mártires, a las decisiones del Partido. Y Francisco respondió no recibiéndolo sólo a él en sus habitaciones del Gemelli sino acompañado del Sustituto Edgar Peña Parra, a quien prefiere. Una suerte de humillación para el Secretario de Estado: en el lenguaje Vaticano, es un signo claro de que el pontífice no confía en él y por eso quiere testigos en los encuentros.
Por otro lado, es probable que sea justamente esta acelerada de Parolin en su carrera la que le desgracie la elección. En mi opinión, si es cierto que existía la posibilidad de que se cambiaran algunas reglas del cónclave —se hablaba de la posibilidad de que la elección fuera por mayoría absoluta y no por los dos tercios, y que no se admitiera a las congregaciones generales previas a los cardenales que no son electores—, esa posibilidad la ha cancelado Secretario de Estado por su apresuramiento. En efecto, si la elección fuera por mayoría absoluta, al segundo día del cónclave asomaría sin duda Parolin en la loggia, y el más interesado en vetar a los purpurados mayores de ochenta años la posibilidad de hablar, es justamente él mismo. Y esto es así porque sabe que es allí, en las congregaciones generales, donde sus enemigos lo mostrarán tal cual es. Y el más importante de ellos es el anciano cardenal chino Joseph Zen. Este ha dicho: “Parolin tiene la mente envenenada. Tiene modales muy dulces, pero no confío en él”. Y también: “Parolin sabe que es un mentiroso y el Papa está siendo manipulado por él”. Nadie querría que un anciano venerable, que carga sobre sus espaldas años de persecución y cárcel, lo exponga con esa claridad frente a quienes serán sus electores. No creo, por tanto, que el Papa Francisco esté dispuesto a cambiar reglas que sólo favorecerán a su contrincante.
¿Qué es lo quiere entonces Francisco? ¿Cuál es su delfín? Difícil saberlo; como dice el adagio, nadie sabe lo que hay en la mente de un jesuita. Probablemente su preferido sea el cardenal Mateo Zuppi, a quién aupó de simple cura romano a arzobispo de Bolonia y presidente de la Conferencia Episcopal Italiana y tiene como plus que se odian mutua y cordialmente con Parolin. Sin embargo, como explicaba la semana pasada Sandro Magister, y a pesar de que Zuppi es miembro de la Comunidad de San Egidio, no es el candidato de esta poderosa e influyente comunidad por esa misma razón: difícilmente los cardenales votarían por alguien que, si fuera Papa, el verdadero poder no estaría en él sino en sus confratelli, comenzando por el fundador Andrea Riccardi. El candidato en las sombras sería el portugués José Tolentino de Mendonça, prefecto del dicasterio de la cultura.
Tolentino es un candidato que tiene papeles. Nacido en Fuchal, isla de Madeira, vivió muchos años en Angola y luego en Lisboa, donde ejerció labor de docencia universitaria y actividades culturas varias, siendo autor además, de libros de poesía, una especie de Vincenzo Pecci redivivo. También, como Zuppi, fue elevado de simple cura lusitano a cardenal por capricho del Papa Francisco. Su elección aseguraría que la Iglesia terminara convirtiéndose en la garante de un cristianismo cultural que, sin despojarse de los aspectos dogmáticos o morales, los dejara más o menos de lado para dedicarse a sostener los valores culturales cristianos en diálogo con las demás religiones. Una Iglesia modosita, habitada por los bien pensantes y alejada de los extremos.
Pero, ¿tiene chances verdaderamente el cardenal Tolentino de ser elegido? Difícilmente. Dos importantes factores juegan en su contra. En primer lugar, no tiene experiencia pastoral; jamás fue párroco ni vicario parroquial; ni tampoco obispo residencial. No tiene olor a oveja sino a libros y vernissages. Y en segundo lugar, y más importante aún, tiene 59 años; es muy joven. No creo que ningún cardenal se convenza de votar a una persona que hace prever un papado de veinticinco o treinta años, porque si en vez de pato sale gallareta, estamos fritos.
En definitiva, que es una muy buena noticia para la Iglesia que el Papa Francisco haya retornado a Santa Marta y que permanezca con vida algunos meses más, los suficientes para frustrar las aspiraciones de Parolin que es la opción más tenebrosa a la que podría ser arrojada la Iglesia.
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P.S.: Alguien podría preguntar lo siguiente: Si el Papa Francisco no lo quiere a Parolin, ¿por qué no lo saca, así como sacó a Müller o a Burke? Es muy sencillo: porque Francisco decidió no enfrentar la casta.
A la Iglesia la gobierna, desde hace siglos, una casta, para hablar en términos mileístas. Para bien o para mal, es así, y sin la casta, o sin un pacto con la casta, ningún Papa puede gobernar. En el último siglo pasaron nueve papas, sin contar a Juan Pablo I. De ellos, cuatro no pertenecieron a la casta: San Pío X, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. El resto —Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII y Pablo VI— eran parte de ella. Quienes no lo fueron, se aliaron rápidamente con ella, a excepción de Ratzinger. San Pío X eligió como secretario de Estado a Rafael Merry del Val, parte de la casta desde que era seminarista y Juan Pablo II al cardenal Agostino Casaroli, flor y nata de la casta vaticana. Benedicto XVI la conocía muy bien: había convivido con la casta durante veinte años, y sabía cómo actuaba, y sabía de lo que eran capaces. Y fue el único que tuvo agallas para nombrar como su segundo al cardenal Tarcisio Bertone, extraño también al grupo. Y así le fue. Es verdad que Bertone no era el indicado, por torpe y frívolo, pero la casta le tendió al pontífice todas las trampas posibles. Y cuando éste redobló la apuesta y nombró una comisión investigadora a la curia romana, es decir a la casta, cuyo resultado fueron dos grandes cajas, tuvo que renunciar. Y la casta no lo perdonó ni siquiera después de la renuncia: eligieron a Bergoglio en vez de Scola, que era su candidato.
Francisco, que sabe cómo moverse en los círculos del poder y a pesar de sus cacareos de reforma de la curia, lo primero que hizo fue dejarle claro a la casta que trabajarían juntos: nombró a Mons. Battista Rica, vedette de la mafia rosa, en un alto puesto en el Vaticano y aceptó sin chistar la “sugerencia” de los cardenales Achille Silvestrini y Jean Turan, y trajo a Pietro Parlin como secretario de Estado, relevándolo del exilio en Caracas al que lo había enviado Benedicto XVI, que sabía muy bien quién era.
El Papa Francisco hará todo lo posible para obstaculizar la carrera del cardenal Parolin al pontificado romano, pero no lo echará de su puesto, y mucho menos en esta etapa final de su vida. ¿O justamente por eso se animará a hacerlo? No lo creo. Entre bomberos no se pisan la manguera.
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WANDERER
sábado, 22 de marzo de 2025
El fracaso de McElroy
Lo habíamos previsto.
En un video del canal Visto da Roma, publicado el 13 de enero, informamos del nombramiento de Brian Burch como embajador de los Estados Unidos ante la Santa Sede, un católico conservador y desde hace tiempo comprometido contra los dogmas del obrerismo promulgados por la izquierda, en particular por la hiperpolitizada “izquierda católica”.
Unas semanas más tarde, el Papa Francisco nombró al cardenal ultraprogresista Robert McElroy, arzobispo de San Diego, como nuevo arzobispo de Washington, D.C., convirtiéndolo en un actor importante en el epicentro político mundial.
La prensa de todo tipo, católica o laica, favorable o crítica a Francisco, vio en ello un acto eminentemente político, ya que el cardenal es un abierto opositor del presidente, especialmente en el tema migratorio y en la agenda LGBT.
Revirtiendo completamente la condena de la sodomía que se encuentra en la Sagrada Escritura, el Cardenal McElroy llegó incluso a describir como “demoníaca” no la actividad del lobby LGBT sino más bien la de algunos creyentes que se oponen a él.
Ningún observador lúcido ha dejado de notar que el gesto del Papa fue una elección de bando bien definida, como lo fue igualmente la acción de Trump con su embajador.
Obviamente toda la izquierda se alegró.
El primero en descorchar la botella de champán fue el New Ways Ministry , portavoz del mayor lobby católico-LGBT de Estados Unidos, que afirmó que el movimiento estaba incluso “encantado” por su nombramiento en Washington. Su director escribe: “Confiamos en que el cardenal McElroy pueda ofrecer una voz católica fuerte que afirme la dignidad humana de las personas LGBTQ+ y la necesidad de leyes que las protejan...”
Todos se preguntaban si el cardenal McElroy se convertiría en un ariete de la izquierda en Washington, una espina en el costado de la administración Trump y, al mismo tiempo, un punto de referencia para la inestable izquierda religiosa estadounidense.
Citando al conocido intelectual católico Robert Royal, que escribe para The Catholic Thing , nos aventuramos a predecir que McElroy fracasaría en ambos frentes, el político y el religioso, tanto porque Trump no se siente intimidado en absoluto; Tanto porque el clero como los fieles del área de Washington son bastante tradicionales, nada que ver con el episcopado alemán, donde un McElroy encontraría más fácilmente seguidores.
La misa de instalación del nuevo arzobispo de la capital estadounidense, celebrada el pasado 11 de marzo, parece darnos la razón. La hermosa Catedral de San Mateo Apóstol estaba medio vacía…
A pesar de la masiva movilización de los progresistas para recibir a su ídolo, está claro que los verdaderos fieles desertaron de la ceremonia.
La gran pregunta es: ¿tendrá el cardenal McElroy (y quienes lo apoyan desde arriba) “antenas” para captar el cambio de humor de los católicos estadounidenses? ¿O continuará ciego y sordo a los nuevos signos de los tiempos, con el riesgo de distanciarse cada vez más de su rebaño? - Fuente
Los crímenes de la dictadura comunista de China, a la que Pedro Sánchez elogia
Este año, el gobierno de Pedro Sánchez ha programado muchos actos para celebrar el 50º aniversario de la muerte de Francisco Franco.
El sociamismo español critica la dictadura de Franco...
En diciembre, Sánchez anunció más de un centenar de actos para celebrar ese aniversario. En su presentación de esos eventos, el dirigente socialista afirmó que con la muerte de Franco España pasó de "ser una dictadura, pobre y aislada, a una de las democracias más plenas del mundo". Así pues, cabe deducir que lo que a Sánchez le parece mal del franquismo es que era una dictadura, pero no estoy del todo seguro.
... pero tiene amistosas relaciones con la dictadura comunista de China
El año pasado, el PSOE (el partido de Sánchez) mantuvo una cordial reunión con representantes del Partido Comunista de China (PCCh), es decir, el partido único de la mayor dictadura del mundo, dirigida desde Pekín y que lleva 76 años gobernando la China continental sin elecciones libres, violando los derechos humanos de forma sistemática y cometiendo los mayores genocidios perpetrados por el movimiento comunista, con hasta 82 millones de muertos durante el sangriento mandato de Mao. De todas las dictaduras actuales, la de Pekín es la que más gente ha matado, con mucha diferencia.
Este jueves, Sánchez elogió a esa dictadura comunista, afirmando: "Vamos a trabajar activamente para entendernos con una gran potencia como China, hay muchas cosas que trabajar comúnmente".
Una dictadura comunista que viola derechos humanos
Recordemos que la China comunista (y la llamo así para no confundirla con la China libre y democrática, también conocida como Taiwán) ocupa el puesto 172º de un total de 180 países en la lista mundial de libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras, un puesto peor que el de otras dictaduras como Venezuela, Rusia, Bielorrusia y Cuba.
Así mismo, según la clasificación publicada en enero por la ONG Puertas Abiertas, la China comunista ocupa el puesto 15º de los 50 países que más persiguen a los cristianos, unos niveles muy altos de persecución extrema que también padecen otras confesiones religiosas en ese país. A fin de cuentas, esa dictadura viola sistemáticamente el derecho humano a la libertad religiosa desde hace décadas.
Por otra parte, la dictadura del PCCh impone una férrea censura en la televisión, los medios impresos, la radio, el cine, el teatro, internet y los videojuegos. Es una violación sistemática de los derechos humanos a la libertad de expresión y a la libertad de prensa que esa dictadura impone dentro de sus fronteras. Además, también intenta exportar esa censura contra disidentes chinos en el extranjero, como le ha ocurrido a la compañía de teatro Shen Yun Performing Arts desde hace tiempo.
La versión china del Gulag y el genocidio uigur
Recordemos, además, que la dictadura del PCCh mantiene una amplia red de campos de concentración y de centros de detención, el Laogai, que es la versión china del Gulag soviético, en el que desde hace 76 años son encerrados prisioneros políticos por las razones más diversas, sufriendo toda clase de tratos inhumanos y degradantes.
Por otra parte, en el interior del país, la dictadura del PCCh está perpetrando crímenes de genocidio contra la minoría uigur, que ha incluido la detención de unos 3 millones de personas, muchas de ellas sometidas a torturas, violaciones, esterilizaciones, trabajos forzados y otras formas de trato inhumano.
Unas atrocidades sobre las que Sánchez nunca ha dicho nada
A Sánchez parecen no importarle que todas estas atrocidades, sobre las que nunca ha emitido ni la más leve crítica. Si todo eso le importase, no elogiaría a la dictadura que las comete y su partido no tendría unas relaciones tan amistosas con el PCCh. De la misma forma, cabe deducir que a Sánchez le disgusta Franco no porque fuese un dictador, sino porque no era un dictador comunista. Basta con ver lo sonriente que estaba el dirigente socialista español dándole la mano al dictador chino Xi Jinping hace dos años, cuando se tomó la foto que encabeza este artículo.
ELENTIR
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Foto: La Moncloa. Encuentro entre el presidente del gobierno de España, el socialista Pedro Sánchez, y el dictador de la República Popular China, el comunista Xi Jinping, el 31 de marzo de 2023 durante un viaje oficial de Sánchez a la China comunista.
Tres años más de matraca sinodal
Seamos claros. El sínodo de la sinodalidad ha suscitado en la santa madre Iglesia un interés del todo descriptible: escasísimo. Desde el primer momento. Y cada vez menos. Evidentemente es defendido con mayor o menor convencimiento por todos aquellos que lo llevan en el sueldo: secretaría general, obispos… A ver qué remedio queda. No va a decir un obispo abiertamente, salvo rarísimas y valientes excepciones: Müller, Zen, Sarah… que todo es un despropósito. Si toca sínodo, toca sínodo y, por lo menos, habrá que cumplir por la cosa de la obediencia debida, aunque no sé si mal entendida, y para que en Santa Marta no digan que tal obispo es poco sinodal. Cumplir. Al menos.
Si de verdad nos creyéramos la milonga de la sinodalidad ya tendríamos que haber abandonado el proceso. Casi desde el inicio. Porque si lo de la sinodalidad es conversar con el pueblo de Dios, este pueblo soberano, que además de sentido de fe tiene el tan importante al menos sentido común, ha dejado claro, en forma de no asistencia y de eclesial pasotismo, que esta historia le importa un comino. Pues en lugar de acabar con este fiasco, tres años más. Ya saben eso de que “si no quieres caldo, tres tazas".
El pasado sábado, día 15 de marzo, se publicó en el boletín de la santa sede, una “Carta sobre el proceso de acompañamiento de la fase de implementación del Sínodo «Por una Iglesia sinodal. Comunión, participación, misión»". Por cierto, después de aprendernos la palabra sinodalidad, ahora toca aprender “implementación". Nueva palabreja de moda.
Nos dicen en la carta que desde ahora mismo y hasta octubre de 2028 -tres años y medio- nos toca implementar, dos años aproximadamente, un año de evaluar por diócesis, conferencias episcopales y continentes, para acabar con otra gran asamblea en el vaticano en octubre de 2028.
La impresión que tiene uno es que andamos escasitos de ideas, así que para una cosa que se nos ha ocurrido, y a falta de algo mejor, vamos a estirar el chicle otros tres años a base de hacer lo que hacemos siempre y con el mismo escaso resultado que de costumbre: reuniones y más reuniones para poner en común qué estamos haciendo y evaluar e implementar todo lo implementable.
Lo del sínodo ni es dogma de fe ni magisterio extraordinario. Es una ocurrencia, bien es verdad que del santo padre, y uno se siente en su derecho de opinar. Más aún cuando el sínodo quiere escuchar al Pueblo de Dios y además se nos repite que en la Iglesia cabemos todos.
Tres años más de matraca sinodal. Me temo que cada vez con menos interesados. Pero bueno, mientras implementamos, evaluamos en parroquias, diócesis, conferencias y continentes, al menos estamos entretenidos.
Jorge González Guadalix
viernes, 21 de marzo de 2025
Europa asume su papel secundario en el Nuevo Orden Mundial
Las negociaciones directas entre Washington y Moscú sobre el futuro de Ucrania evidencian, una vez más, la absoluta irrelevancia de Europa en los asuntos que marcarán su destino. Por mucho que Francia, Gran Bretaña o Alemania se empeñen en reuniones, gestos grandilocuentes, y declaraciones vacías, lo cierto es que Europa ya no tiene asiento en la mesa donde realmente se decide su porvenir.
Y esto por fin lo ha visto Europa. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha dejado claro lo que muchos intuían: Europa y el mundo se enfrentan a un cambio de era. En su discurso más bélico hasta la fecha, pronunciado el pasado 18 de marzo en la Real Academia Militar Danesa, la líder comunitaria asumió la llegada de un Nuevo Orden Mundial, en el que el Viejo Continente ya no ocupará un papel protagonista. Europa será, a partir de ahora, un actor secundario en el tablero internacional dominado por Estados Unidos, Rusia y China.
El mensaje de Von der Leyen no deja lugar a dudas. La propia presidenta reconoció la dureza de sus palabras y la necesidad de que los europeos despierten de una vez por todas ante la gravedad del momento. «Puede que deseemos que estas cosas no sean verdad. O que no tuviéramos que decirlas tan claramente. Pero ahora es el momento de hablar con sinceridad para que todos los europeos entiendan lo que está en juego. Porque la incomodidad de escuchar estas palabras palidece ante el dolor de la guerra. Si no, que se lo pregunten a los soldados y al pueblo de Ucrania. La cuestión es que debemos ver el mundo tal y como es, y debemos actuar de inmediato para hacerle frente. Porque en la segunda mitad de esta década y más allá se formará un nuevo orden internacional«, afirmó sin rodeos Von der Leyen.
Estas palabras, pronunciadas en un lugar simbólico y estratégico como la Real Academia Militar Danesa, son la constatación de que Europa está perdiendo su peso en la geopolítica mundial. Mientras Estados Unidos reorienta su estrategia hacia el Indo-Pacífico, la Unión Europea se ve forzada a asumir que su época de influencia ha terminado. Von der Leyen lo dijo con claridad: es el momento de que «los europeos entiendan lo que está en juego«.
El anuncio va más allá de la retórica. Se trata de una advertencia directa: la historia de Europa se está reescribiendo y el margen de maniobra se reduce cada día. La propia Von der Leyen señaló la fecha límite que Bruselas se ha marcado: el año 2030. Para entonces, Europa espera poder definir su posición en este Nuevo Orden Mundial que ya no girará en torno a los valores ni a los intereses del Viejo Continente.
La realidad es que el mundo se encamina hacia un escenario dominado por tres potencias: Estados Unidos, Rusia y China. Europa, en cambio, queda relegada a un papel de mero espectador.
Este giro en la política internacional obliga a los países europeos a replantearse su papel y su defensa. La Agenda 2030, lejos de ser un plan de prosperidad, se perfila como la hoja de ruta para gestionar la decadencia europea y asumir su rol secundario en el concierto de las naciones.
Las palabras de Von der Leyen son una rendición en toda regla ante la nueva realidad global. Estados Unidos deja de ser el escudo de Europa y el mensaje es claro: «La incomodidad de estas palabras palidece ante el dolor de la guerra». Si Europa quiere sobrevivir, debe actuar ya, aunque todo apunta a que solo le queda esperar su turno mientras otros deciden su futuro.
El tiempo se agota y Von der Leyen lo sabe. La Unión Europea se enfrenta al mayor desafío de su historia reciente, un desafío que evidencia el fracaso de unas élites más preocupadas en imponer su ideología globalista que en defender los verdaderos intereses de los europeos. La propia Ursula von der Leyen ha reconocido el fracaso del modelo globalista que durante décadas se nos ha querido imponer. En palabras de la presidenta de la Comisión Europea, «La visión de un mundo destinado a una cooperación cada vez más estrecha y hacia una hiperglobalización se ha quedado desfasada.» Una afirmación que no deja lugar a dudas: la hiperglobalización ha fracasado, dejando a su paso sociedades desarraigadas, economías dependientes y naciones sometidas a intereses ajenos.
Hoy más que nunca, la soberanía nacional y la defensa de nuestras tradiciones deben ser la prioridad frente a quienes aún pretenden disolver nuestras identidades en un proyecto global sin alma ni raíces. Pero mientras los burócratas de Bruselas miran aún hacia 2030 y su agenda globalista, Estados Unidos, Rusia y China ya están moldeando el nuevo mapa del mundo.
Antonio Maestre, el bufón del rencor: respuesta a sus vómitos sobre el Valle de los Caídos
No hay pluma más cargada de bilis ni mente más obtusa que la de Antonio Maestre, ese resentido profesional que confunde libertad de expresión con diarrea mental.
En su última regurgitación publicada, se atreve a pedir que se vuele la cruz del Valle de los Caídos, soltando una ristra de sandeces dignas de un chaval con rabieta más que de un periodista, por llamar de algún modo al demagogo de barra de bar que vive de insultar todo lo que no encaje en su dogma de trinchera.
¿Vamos a ver, Maestre, quién te crees que eres? ¿Un revolucionario del siglo XXI? No, eres un propagandista trasnochado, que vive del odio, el rencor y el revisionismo histérico. Llamas “fea” a la cruz, porque no sabes lo que es la belleza; llamas “mamotreto” a uno de los mayores complejos arquitectónicos de Europa, porque tu ignorancia solo permite valorar las chapuzas ideológicas que se caen a pedazos, como tú.
Hablas de trabajo esclavo. Otra vez con la mentira: muchos presos trabajaron voluntariamente a cambio de redenciones de penas, como ocurría en toda Europa tras la guerra. Pero claro, eso no te lo enseñaron en la Facultad de periodismo populista que te graduó. Te llenas la boca de “memoria histórica”, pero solo la que a ti te interesa, mientras te limpias el trasero con la mitad de España que no se arrodilla ante tus ídolos de hoz y martillo.
Dices que la cruz huele mal. Lo que huele mal es tu moral podrida, tu enfermiza obsesión por la Iglesia y tu falta de respeto a los muertos, incluidos los republicanos allí enterrados. Pero claro, para ti los muertos no son personas: son piezas de propaganda.
¿Dices que molesta a la fauna salvaje? ¿Tú te escuchas cuando hablas? ¿Sabes qué molesta a la fauna? El ruido de los linchamientos mediáticos que tú mismo promueves desde tu púlpito de odio. Que te moleste el Valle de los Caídos no es motivo para dinamitarlo, como si estuviéramos en Siria con el Estado Islámico, pero tú ya has demostrado que compartes con ellos la idea de que todo lo que no te gusta debe desaparecer.
No solo insultas a los muertos, sino también a los monjes de la Escolanía, porque tú no sabes lo que es la fe, el sacrificio ni la entrega. Hablas de trauma, cuando los únicos traumatizados sois vosotros, los que aún no superáis que vuestra querida II República fue un fracaso sangriento, y que perdisteis la guerra porque no os aguantabais ni entre vosotros.
Tus argumentos, si se les puede llamar así, no son más que vómito ideológico. Quieres volar la cruz para hacer memes, para “ver llorar a franquistas”, porque eso es lo que te pone. No la justicia, ni la memoria: el espectáculo del odio.
Dices que quieres volar Mingorrubio después. Claro, el odio nunca se sacia. Tú lo que quieres es un país sin Dios, sin historia, sin perdón y sin reconciliación. Pero te vas a quedar con las ganas. Porque mientras tú vomitas desde tu teclado, millones de españoles seguirán mirando la cruz que tanto odias, no como símbolo de dictadura, sino como lo que es: símbolo de redención, de perdón, de fe, y de la verdad que tanto temes.
Y esa cruz no se va a mover, por más que ladres. Porque los perros ladran, Antonio, la historia cabalga y tú mandas mensajes patéticos por Twitter a niñas de 18 años.
Jaime Gurpegui
Mons. Demetrio Fernández: «En el mundo entero, son más los muertos por el aborto que por la guerra»
Con motivo de la festividad del día de la Anunciación y de la Encarnación del Señor que se celebrará el próximo 25 de marzo, el obispo de la diócesis de Córdoba ha aprovechado en su epístola semanal para denunciar los crímenes del aborto y de la eutanasia.
Monseñor Demetrio Fernández ha recordado que «desde la concepción somos personas. Desde el instante mismo en que el óvulo es fecundado por el espermatozoide, Dios crea el alma y tenemos una nueva vida, una nueva persona, con todos los derechos de vivir y con todas las obligaciones de quienes le rodean para no interrumpir su proceso de maduración».
El obispo de la diócesis de Córdoba reconoce que el «sí a la vida encuentra hoy escollos a salvar, como es la reivindicación del derecho a decidir la matanza de esa vida, si no resulta placentera».
Demetrio Fernández denuncia en su carta de esta semana que «el aborto se ha generalizado en España, de manera que son más de dos millones y medio los niños que han sido abortados desde que se aprobó la ley del aborto en 1985». Para el prelado cordobés, esta situación supone «toda una catástrofe para la población española, que sufre esa carencia de natalidad» y no ha dudado en afirmar que «en el mundo entero, son más los muertos por el aborto que por la guerra, que nos resulta horrible».
Respecto a la vida de los ancianos que se encuentran en fase terminal, el obispo andaluz lamenta que esas personas «merecen cuidados paliativos y no los encuentran». Monseñor Demetrio Fernández subraya que «la eutanasia no es solución, ni el suicidio asistido» ya que «la persona que está bien atendida no quiere morirse. Quien quiere morirse es porque ha sido descartada ya hace tiempo por quienes debieran cuidarla».
El obispo Schneider enumera los temas que el próximo Papa tendrá que reafirmar con claridad
En una entrevista concedida a LifeSiteNews, el obispo auxiliar de Astaná, Athanasius Schneider, ha subrayado la necesidad de que el próximo Papa reafirme con claridad la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio, la moral sexual y el sacerdocio exclusivamente masculino, con el fin de disipar la confusión que ha surgido en estos temas en los últimos años.
En una conversación con el periodista Andreas Wailzer, LifeSiteNews informó que el obispo de Kazajstán enfatizó que la principal tarea del Papa es “fortalecer a los hermanos en la fe”.
“Este es un mandato divino, una de las primeras tareas de un Papa, y debe llevarlo a cabo con claridad, no con ambigüedad”, declaró Schneider. En su opinión, el próximo pontífice deberá abordar aquellos puntos que han generado mayor incertidumbre en la Iglesia, especialmente en lo referente al relativismo de la fe. Schneider criticó la idea de que los dogmas evolucionan según un esquema hegeliano de desarrollo, afirmando que esto es contrario a la tradición de la Iglesia.
El obispo también destacó la importancia de reafirmar los principios de moralidad en lo relativo a la sexualidad, recordando que el orden natural establecido por Dios “no está a disposición de un Sínodo ni de un Papa”. Afirmó que permitir la Comunión a personas divorciadas socava tanto la indisolubilidad del matrimonio como la santidad de la Eucaristía.
En cuanto a la enseñanza sobre la homosexualidad, el obispo reiteró que los actos homosexuales y los estilos de vida asociados a ellos van en contra del orden divino, la razón y la ley natural. También rechazó cualquier tipo de «bendición» para parejas homosexuales y enfatizó la necesidad de reafirmar la unicidad de Jesucristo como único Redentor de la humanidad.
Asimismo, Schneider afirmó que es crucial que el próximo Papa declare con claridad que “las demás religiones no conducen a la salvación ni a la redención”, insistiendo en que esta doctrina debe ser reiterada de manera inequívoca.
En relación con el sacerdocio, el obispo explicó que la Iglesia debe enseñar con la máxima autoridad que el sacramento del orden en sus tres grados—diaconado, presbiterado y episcopado—ha sido divinamente establecido y que solo los hombres pueden recibirlo. También condenó lo que denominó “feminismo teológico”, al considerarlo contrario al Evangelio y a la tradición de la Iglesia.
Finalmente, Schneider concluyó su intervención señalando que estas cuestiones son las que más han distorsionado la revelación divina en la actualidad y que, por lo tanto, deberían ser la prioridad para un futuro Papa.
jueves, 20 de marzo de 2025
¿QUIÉN GOBIERNA LA IGLESIA?
Hace más de un mes que el Papa Francisco está internado. Los partes médicos, cada vez más escuetos, nos dicen que día a día necesita menos oxígeno y que mejora lentamente. Se trata de hacer un acto de fe en esas nuevas escrituras. Y para los que tienen poca fe y exigen algo más, los encargados de la comunicación vaticana —todo un dicasterio presidido por el prefecto Paolo Ruffini, un periodista laico— cometen torpeza tras torpeza. El brevísimo audio que se escuchó hace un par de semanas en la plaza San Pedro confirmó la gravedad del estado de salud del pontífice y sembró dudas sobre su origen —habló en español y los comentarios dicen que habría sido grabado a comienzos de febrero, apenas ingresado en el Gemelli, y destinado a un encuentro de oración por su salud que se celebró en la plaza de Constitución de Buenos Aires— y la fotografía profundizó las dudas. ¿Por qué de espaldas y de lado? ¿Qué impide que no pueda vérsele el rostro? Ademas, el Papa aparece envuelto en un par de sábanas blancas – que intentan, de manera bastante tosca, simular el alba, y sobre ellas tiene una estola morada, puesta al revés (las costuras están hacia arriba y no hacia abajo), signo elocuente de que quien lo vistió así no es un sacerdote .
Esta situación en una persona de 88 años y con una salud débil como la de Francisco hacen suponer, con toda sensatez, no solamente que está grave, sino que difícilmente salga de estado, aunque pueda permanecer en él durante meses. Y aún en el caso de que saliera, todo hace presumir que quedará en un estado muy limitado, no sólo en cuanto a la movilidad, sino también en lo cognitivo. Y para esto no hace falta ser médico. Basta con la experiencia que cualquiera de nosotros tiene con familiares o conocidos que han atravesado circunstancias similares.
Lo preocupante de todo esto es lo que nos temíamos: atravesar un intermezzo más o menos prolongado, durante el cuál nadie sepa quién es que realmente gobierna la Iglesia. O, peor aún, quiénes son los que la gobiernan. Ya tuvimos la experiencia de Juan Pablo II en su estado de enfermedad postrera, cuando cualquiera que tenía buena relación con don Estanislao iba a verlo y salía de los apartamentos pontificios con un nombramiento episcopal o con un decreto firmado. Y hasta el momento, las señales en ese sentido son inquietantes.
Quienes lo han visitado oficialmente, y en dos ocasiones, han sido el cardenal Pietro Parolin y el sustituto Edgar Parra. Es muy preocupante que sea Parolin quien tome las riendas de la Iglesia aunque le corresponde de oficio. Es público, y fácil de encontrar en la web, todas sus intervenciones en organismos internacionales como la ONU, el G20 o el Foro de Roma, en favor de la Agenda 2030 y de la gobernanza global. Se trata de un personaje que fácilmente puede ser ubicado en las antípodas de las posturas más claramente conservadoras que han asomado en los últimos años como Orban, Trump o Milei. En pocas palabras, tenemos en el él a un defensor del wokismo extremo, aunque siempre con buenos modales y con amables sonrisas. Si alguien es dado a los relatos apocalípticos y distópicos sobre los últimos tiempos del mundo y de la Iglesia, encontrará en Parolin al personaje que mejor encarna al pontífice traidor y postrero.
La otra señal es que, a pesar de la más que evidente incapacidad del pontífice para tomar decisiones sobre la Iglesia, las decisiones se siguen conociendo. Este semana ha nombrado a dos nuncios y a varios obispos. Pase; se trata de cargos que deben ser ocupados y seguramente hubo procesos previos de selección. Sin embargo, la agencia de noticias oficial del Vaticano, sin sonrojarse, anunció que el 11 de marzo Francisco había establecido “el inicio de un camino que conducirá a una Asamblea Eclesial dentro de tres años”. Ha sido el secretario del sínodo, cardenal Mario Grech, quien en una carta ha explicado que:
«Este proceso de acompañamiento y evaluación de la fase de implementación, que es coordinado por la Secretaría General del Sínodo, fue aprobado por el Papa Francisco. «El Santo Padre ha pedido su difusión entre las Iglesias locales y las agrupaciones de Iglesias». «El Camino que llevará a toda la Iglesia a la celebración de la Asamblea Eclesial de octubre de 2028 será marcado de tal manera que ofrezca tiempos adecuados y sostenibles para comenzar la implementación de las indicaciones del Sínodo, previendo luego algunas citas de evaluación significativas. Marzo de 2025 : anuncio del camino de acompañamiento y evaluación. Mayo de 2025 : publicación del Documento de Apoyo para la fase de implementación con las indicaciones para su desarrollo. Junio de 2025 – Diciembre de 2026 : caminos de implementación en las Iglesias locales y sus agrupaciones. 24-26 de octubre de 2025 : Jubileo de los equipos sinodales y órganos de participación. Primer semestre de 2027 : Asambleas de evaluación en las Diócesis y Eparquías. Segundo semestre de 2027 : Asambleas de evaluación en las Conferencias Episcopales nacionales e internacionales, en las Estructuras Jerarquías orientales y en otras agrupaciones de Iglesias. Primer semestre 2028: Asambleas Continentales de Evaluación. En junio 2028 : publicación del Instrumentum laboris para los trabajos de la Asamblea Eclesial de octubre 2028. Octubre 2028 : celebración de la Asamblea Eclesial en el Vaticano».
La primera reflexión que podemos hacer es de que se trata de algo disparatado, no solamente por hacernos creer que ha sido Francisco que, con plena conciencia, ha tomado decisión tan importante, sino por pretender que esa decisión se cumplirá cuando la evidencia nos lleva a afirmar que a este pontificado le quedan pocos meses. Es decir, se le pretende marcar una agenda al próximo papa, lo cual es bastante risible porque él puede cambiarla de un plumazo. ¿Manotazos de ahogado? Puede ser, aunque más bien me inclino a pensar que lo que quieren en embarrar la cancha a fin de que, si el próximo papa no es uno de ellos, se le haga más difícil gobernar.
El problema es que si efectivamente este programa se consuma, el cardenal Grech y quienes lo aúpan, estarán poniendo a la Iglesia en un estado de asamblea permanente; una suerte de “asamblea de los soviets” con pretensiones de adueñarse del gobierno del Iglesia; dirán ellos, el “giro hacia una Iglesia sinodal”. Juegan con fuego, claro, porque la historia nos muestra el modo trágico en el que terminaron estos experimentos: con la guillotina funcionando día y noche en la Place de la Concorde, o con la familia imperial rusa fusilada en la casa Ipátiev. Lo grave es que en este caso no rodarán cabezas ni ningún Yákov Yurovski ordenará la descarga, sino que la Iglesia terminará diluida en una institución informe al servicio de sus eternos enemigos.
Esta es una, y sólo una, de las adversidades (ad versus: que se vuelve en contra) que deberá enfrentar el próximo pontífice. Espero que los cardenales caigan en la cuenta de la personalidad que requiere el candidato para enfrentarlas.
The Wanderer
lunes, 17 de marzo de 2025
Masacran cristianos en Siria… y el PP vota con Al-Qaeda con el silencio cómplice de la COPE
Mientras los cadáveres de cristianos y otras minorías aún humeaban en los escombros de Latakia y Tartus, el Parlamento Europeo aprobaba el pasado 12 de marzo —con fervor ecuménico y geoestratégico— una resolución que respalda al “gobierno interino” de Siria, encabezado por Ahmed al-Sharaa, un personaje con vínculos más que documentados con Hay’at Tahrir al-Sham, es decir, la Al-Qaeda reciclada en versión democrática para consumo europeo.
Sí, han leído bien. Y sí, el Partido Popular Europeo —con el español incluido, faltaría más— votó a favor. Y lo hizo después de que entre el 6 y el 9 de marzo se perpetraran auténticas masacres contra comunidades cristianas y alauitas en Siria, especialmente en las regiones costeras del país. Las cifras oscilan entre 2.000 y 7.000 muertos, según distintas fuentes. ¿Responsables? Milicias “aliadas” al gobierno interino respaldado por Bruselas. O sea, los amigos de los amigos del PPE.
La resolución europea, titulada con el eufemismo de siempre —»La necesidad del apoyo de la UE para una transición y reconstrucción justas en Siria»—, no contiene ni una sola palabra de condena explícita a estas matanzas. Ni una. No por olvido, sino porque molesta. Condenar a los verdugos podría hacer incómodo el respaldo al nuevo gobierno, y ya sabemos que en política exterior todo se negocia, incluso la sangre de los inocentes.
Resulta grotesco que el Partido Popular, tan dado a posar en procesiones, firmar tuits sobre la “Navidad en familia” y apelar a las raíces cristianas de Europa, haya votado a favor de una resolución que calla ante la masacre de cristianos en tiempo real. No hablamos de algo lejano o difuso. Hablamos del viernes negro del 7 de marzo, cuando las iglesias de Jabla, Banias y Tartus fueron saqueadas, sus fieles ejecutados y los altares profanados.
Pero no se preocupen: si el asesino promete democracia, el PP le da su bendición parlamentaria.
Mientras el Arzobispo grecocatólico de Homs clamaba por justicia, mientras los Patriarcas sirios firmaban un llamamiento conjunto para frenar “las horribles masacres”, el PPE, los socialistas, Renew y los Verdes sellaban con entusiasmo una resolución que premia a los patrocinadores del terror. Todo sea por aislar a Bashar al-Ásad, el mal oficial, aunque eso implique pactar con los hijos bastardos del yihadismo.
¿Y los obispos españoles? Nada. El silencio es atronador. Tal vez estén demasiado ocupados preparando su “Semana Santa inclusiva”.
Y mientras tanto, ni una sola palabra en la COPE, la emisora propiedad de los obispos. Nada en sus informativos. Nada en sus tertulias. Y Ángel Expósito —con su habitual tono indignado selectivo— tampoco ha dedicado ni un minuto a denunciar la masacre de cristianos en Siria. ¿Se les habrá pasado por alto? ¿O están demasiado ocupados bendiciendo desde el micrófono las consignas del PP?
¿Serán cómplices también los purpurados de sangre inocente por no usar un medio de comunicación pagado con los cepillos de misa para defender a los cristianos martirizados? ¿O acaso el fin justifica los medios? Si no, que se lo pregunten a don Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario de asuntos económicos de la Conferencia Episcopal Española, quien no pierde ocasión de presumir —donde se lo permitan— de su influencia directa sobre “su” COPE, esa que manipula con guante de seda y sonrisa beatífica.
De los socialistas y su cacareada “corriente cristiana” ya no se espera nada. Hace tiempo que se echaron al monte y solo conservan el nombre como adorno nostálgico. Ni siquiera duele su traición, porque ya es parte del paisaje. Pero lo del PP… lo del PP clama al cielo.
Mientras se redactan estas líneas, los cementerios en Siria siguen recibiendo a nuestros hermanos cristianos. Y en Bruselas, el PP levanta el pulgar. En Madrid, la COPE calla. Y en las sacristías, se planifica el próximo desayuno con políticos.
Pero tranquilos, que luego vendrán a hablarnos de mártires. Cuando les convenga.
Aurora Buendía
El P. Spadaro SJ y el nuevo arrianismo (Bruno Moreno)
En este blog y en InfoCatólica en general, hemos señalado en varias ocasiones las preocupantes afirmaciones de algunos de los colaboradores más cercanos del Papa Francisco: desde Mons. Paglia a Mons. Sánchez Sorondo, el cardenal Kasper, el cardenal Hollerich, el (ya casi) cardenal Víctor Manuel Fernández, el nuevo arzobispo de La Plata o los nuevos miembros favorables a la eutanasia, el aborto o los anticonceptivos de la Pontificia Academia para la Vida. Debido a la confusión que suele acompañar a sus palabras, no siempre es fácil decir en qué creen exactamente estos eclesiásticos, pero caben pocas dudas de que esas creencias se apartan sustancialmente de lo que la Iglesia siempre ha enseñado sobre varios temas.
Para completar este elenco de colaboradores, me ha parecido oportuno traer al blog el último artículo del P. Spadaro SJ en el diario italiano Il Fatto Quotidiano. En el artículo, el jesuita y director de La Civilta Cattolica hace gala de lo que podríamos llamar el nuevo arrianismo, que, sin negar expresamente la divinidad de Cristo, lo concibe en la práctica como un mero ser humano, falible y lleno de defectos y limitaciones como los demás hijos de Adán.
El artículo se refiere al Evangelio del pasado domingo, en el que se relata el episodio de la curación por nuestro Señor de la hija de una mujer cananea, que estaba atormentada por un demonio. En el texto evangélico, se describe cómo Jesús se hace de rogar antes de concederle a la mujer lo que pide, algo que la Tradición de la Iglesia siempre ha interpretado como un ejemplo de la pedagogía de Jesús, que quiere suscitar una mayor fe en la cananea. Como decía San Agustín, Cristo actuó así con ella “no para negarle su misericordia, sino para encender su deseo”.
La escena que nos pinta Spadaro, en cambio, es completamente diferente. Cuando la mujer le suplica, “Jesús permanece indiferente” ante el asombro de sus discípulos. “A Jesús no le importa” y le da a la cananea una “respuesta airada e insensible”, en la que se manifiesta que “la dureza del Maestro es inquebrantable”, porque “Jesús hace de teólogo” (algo que, en el vocabulario de Spadaro, es netamente negativo) y considera que “la misericordia no es para ella”.
Por si esto fuera poco, cuando la cananea dice “¡Señor, ayúdame!”, reconociendo así su autoridad, Jesús “responde de manera burlona e irrespetuosa hacia esa pobre mujer”, con “una caída de tono, de estilo y de humanidad”. Según Spadaro, “Jesús parece cegado por el nacionalismo y el rigorismo teológico”. No hay aquí una pedagogía de Jesús, como en la interpretación de los padres de la Iglesia, sino más bien una manifestación de graves defectos y limitaciones del propio Jesús, por contagio de su tiempo, que le impiden responder con misericordia.
Ante esa falta de humanidad de Jesús, las palabras de la cananea, diciendo con humildad que también los perritos comen los mendrugos que caen de la mesa de sus amos, lo cambian todo. Son “pocas palabras, pero bien planteadas y capaces de trastornar la rigidez de Jesús, de confundirlo, de ‘convertirlo‘ a sí mismo”.
Es decir, aunque la hija es curada por Jesús, la verdadera salvadora es la mujer, porque “también Jesús aparece curado y al final se muestra libre de la rigidez de los elementos teológicos, políticos y culturales dominantes de su tiempo”. Era Jesús el que necesitaba ser curado de algo mucho más grave y, cuando recibe esa curación y “le da la razón” a la mujer pagana, ese hecho es “la semilla de una revolución”.
La explicación de Spadaro es, evidentemente, opuesta a la que siempre ha dado la Iglesia. En lugar de aparecer como Maestro, Jesús aparece como discípulo; en lugar de liberar, es liberado de su rigidez; en lugar de suscitar la fe y la conversión en la cananea, es Jesús el que necesita convertirse; en lugar de ser el Amor mismo hecho carne, Jesús actúa de forma burlona, irrespetuosa, indiferente y airada; en lugar de ser la Verdad encarnada, muestra que es un hombre equivocado y “cegado” más, que al final tiene que dar la razón a la mujer; en vez de ser el único que conoce al Padre y nos lo revela, “hace de teólogo” y mete la pata hasta el fondo; en lugar de ser el Logos mismo, la sabiduría divina y eterna, Cristo comparte los prejuicios de su tiempo hasta que una mujer le saca de ellos y consigue que, por fin, opine lo mismo que el P. Spadaro.
En ningún momento se dice que Jesús no sea Dios, pero, en la práctica, tal como lo entiende el P. Spadaro, no hay nada de divino en Él: es pecador, ignorante, obstinado, rígido, mundano, inhumano, necesitado de conversión y un ciego que guía a otros ciegos. Se consigue así un criterio perfecto para desechar todo lo que resulta incómodo o demasiado poco moderno del Evangelio, atribuyéndolo simplemente a cosas en las que Jesús se equivocó, “cegado” por la mentalidad de su tiempo, algo que nosotros podemos juzgar con la ventaja de vivir en una época mucho mejor que la suya.
Desgraciadamente, esta idea no es algo aislado ni mucho menos exclusivo del célebre jesuita. En esencia es lo mismo por lo que, en pontificados anteriores, fueron condenados o desautorizados Pagola, Queiruga, Arregui, Küng, Boff, Jon Sobrino y tantos otros hasta llegar a Loisy o Tyrrell. El nuevo arrianismo, en efecto, es hijo del modernismo y no se coloca en el terreno racional de las afirmaciones dogmáticas, sino en el terreno puramente emotivo de lo que se sugiere y se da a entender (siempre contra la fe y a favor del mundo), la omisión sistemática de la divinidad de Cristo y todo elemento sobrenatural del Evangelio, la increencia práctica, el sentimiento de superioridad sobre todo lo antiguo y la risita satisfecha y engreída frente a la Tradición y la fe de los fieles.
El resultado, como puede verse en el artículo en cuestión, es bastante pobre, contradictorio y a menudo ridículo. Al menos yo no he podido evitar reírme al ver que el P. Spadaro atribuye a Cristo precisamente las cosas de las que acusa a sus enemigos, como la rigidez o la fidelidad a las verdades teológicas. Soy tan viejo que aún recuerdo tiempos en que ser comparado con Cristo era un elogio, pero parece que ahora hay otros estándares.
La falta de coherencia y racionalidad del nuevo arrianismo del P. Spadaro y compañía, sin embargo, hace que sea aún más disolvente que el antiguo y mucho más peligroso, porque no se sujeta a nada exterior a él, incluida la razón. La Tradición, la Escritura y el Magisterio solo tienen valor para estos autores en cuanto se puedan retorcer para adaptarse a la mentalidad modernista y resultan irrelevantes cuando obviamente se oponen a esa mentalidad. Se trata de una nueva fe, irracional y dogmática, para la cual lo nuevo y progresista siempre es mejor que lo antiguo y todo, absolutamente todo, incluido el mismo Jesucristo, debe hincar la rodilla ante la posmodernidad salvadora y omnisciente.
Bruno Moreno
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