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miércoles, 2 de abril de 2025

El PP y la teoría del caballo muerto: un partido irreconocible que sigue engañando a su electorado

 ADELANTE ESPAÑA

La Teoría del Caballo Muerto es una metáfora utilizada para ilustrar la tendencia de personas, empresas o gobiernos a seguir invirtiendo esfuerzo, tiempo y recursos en algo que claramente ha fracasado. Si un caballo está muerto, lo lógico sería desmontar y buscar otra solución. Sin embargo, en la práctica, muchos optan por estrategias inútiles: comprar un látigo más fuerte, cambiar al jinete o decretar que el caballo sigue vivo.

Este concepto es aplicable a múltiples ámbitos, desde la política hasta la gestión empresarial. En política, se ve cuando los gobiernos insisten en modelos fracasados –otro día hablaremos de la Constitución Española– creyendo que con pequeñas modificaciones podrán hacerlos funcionar, ignorando las señales de su inviabilidad.

La lección clave de esta teoría es que reconocer el fracaso a tiempo permite redirigir esfuerzos hacia soluciones viables. Sin embargo, la naturaleza humana y la burocracia tienden a resistirse al cambio, prolongando la ilusión de que el ‘caballo muerto’ aún puede avanzar. En última instancia, el éxito depende de la capacidad de adaptación y la voluntad de abandonar lo que ya no funciona.

La Teoría del Caballo Muerto describe con precisión la situación actual del Partido Popular (PP) y la reacción de su electorado ante su evidente transformación.

En sus inicios, el PP – y antes, Alianza Popular– se presentaba como defensor de la familia, la vida, la unidad de España y el orden social, oponiéndose, al menos, teóricamente a las imposiciones ideológicas de la izquierda. Así lo entendió su electorado. Sin embargo, hoy su deriva es evidente: ha asumido la ideología de género, se pliega a la inmigración masiva sin control, permite la islamización progresiva de la nación y asume los postulados de la izquierda en aborto, eutanasia y divorcio. Pero el problema no es solo el partido, sino un electorado que insiste en ‘cambiar de montura’, dándole nuevas oportunidades y esperando que vuelva a ser lo que fue.

El PP es, en la actualidad, un partido rendido ante la izquierda. En las últimas décadas ha cedido terreno en las mismas políticas que en su día decía combatir. La implantación de las leyes de ideología de género, antes exclusivas de la izquierda, ha sido normalizada por el PP en varias comunidades autónomas, a menudo con más firmeza que los propios partidos izquierdistas.

En temas como la familia, la vida o la educación, el PP ya no representa los principios que decía defender. En aborto y eutanasia, ha aceptado legislaciones de la izquierda sin intentar revertirlas. Donde antes hablaba de derogar leyes injustas, ahora se refugia en el ‘consenso’ con la izquierda. No solo las asume, sino que las hace suyas sin el menor rubor. Otro claro ejemplo de cómo se siguen dando latigazos a un caballo muerto en un intento absurdo de hacerlo andar.

Otro punto clave en la transformación del PP es su postura respecto a la inmigración. En lugar de plantear políticas responsables y ordenadas, ha asumido el discurso buenista que promueve la inmigración masiva sin control, con consecuencias evidentes en muchos barrios de España: aumento de la delincuencia, inseguridad, intolerancia religiosa y problemas de convivencia. Pero el PP prefiere ignorarlo para evitar ser tildado de ‘ultraderechista’ por la izquierda mediática.

La islamización de España es otro fenómeno que el PP ha decidido no solo obviar sino promover. Donde antes defendía los valores cristianos y la identidad nacional, ahora se pliega al multiculturalismo de la izquierda, aceptando la imposición de costumbres y valores ajenos a nuestra cultura sin resistencia alguna.

La reacción de su electorado: seguir votando al caballo muerto. Pese a esta deriva evidente, muchos votantes del PP siguen aferrados a la esperanza de que, con un cambio de liderazgo, el partido recuperará su esencia. Como en la Teoría del Caballo Muerto, en vez de desmontar y buscar una alternativa real, optan por estrategias inútiles: cambian de jinete (hoy Feijóo por Casado, mañana será Ayuso…), renuevan el nombre del mismo programa o se conforman con ‘al menos no es el PSOE’.»

Cada elección, miles de votantes desilusionados le dan una «última oportunidad» al PP, convencidos de que esta vez será diferente. Sin embargo, los resultados son siempre los mismos: promesas vacías en campaña y concesiones a la izquierda una vez en el poder. Mientras tanto, la izquierda sigue avanzando y el PP se convierte en una mera gestora del legado socialista, sin intención real de cambiar el rumbo de la nación.

Si algo nos enseña la Teoría del Caballo Muerto, es que seguir apostando por una opción fracasada solo prolonga el problema. El PP ha demostrado una y otra vez que ha abandonado sus principios. Su electorado debe decidir si sigue autoengañándose o busca una alternativa real que represente sus valores. La fidelidad ciega a un partido que ha traicionado su esencia no es una estrategia política inteligente, sino un obstáculo para el cambio necesario.

Los votantes conservadores tienen la responsabilidad de no dejarse arrastrar por la nostalgia y actuar en consecuencia. Si el objetivo es recuperar la defensa de la familia, la vida y la unidad de España, la solución no está en seguir votando a un partido sometido al discurso izquierdista. Es el momento de desmontar, aceptar que ese caballo está muerto y apostar por una opción que realmente defienda estos principios. Y en la actualidad, hay varias opciones, parlamentarias y extraparlamentarias, que pueden ser alternativas.

El cambio no se logrará con una «nueva cara» dentro del mismo partido. Se logrará con un nuevo proyecto que tenga el valor de enfrentarse a la izquierda sin complejos, sin buscar la aprobación de sus medios y sin traicionar los valores que millones de españoles esperan ver defendidos. Y para ello, lo primero es dejar de intentar resucitar lo que ya no tiene vida.

Continúa la sangría de fieles (y contribuyentes) de la Iglesia católica en Alemania



La mala noticia ha caído como una ducha fría la semana pasada. La Conferencia de Obispos Catòlicos Alemanes ha publicado su informe anual correspondiente al año 2024 en el que constata que 321.611 fieles han abandonado la Iglesia católica. Se confirma de este modo la hemorragia de fieles que ya se experimentaba en años anteriores.

En Roma, la noticia ha causado profunda preocupación, pues tiene lugar en momentos de difícil diálogo entre la Santa Sede y el episcopado alemán. Por otra parte, al descender el número de fieles desciende también la contribución económica que la Iglesia en Alemania puede ofrecer a la Santa Sede, la más importante en Europa.

El fenómeno de las apostasías

El fenómeno de las apostasías de la Iglesia católica se contabiliza con precisión año tras año, pues depende del número de personas que se dan de baja en el registro oficial de las iglesias. De este modo, quedan exentas de pagar el impuesto religioso.

Si bien la sangría del año 2024 ha sido muy dolorosa, es inferior a la de los dos últimos años. En 2023, 402.694 personas abandonaron la Iglesia católica, mientras que en 2022 fueron 520.000. Según estas cifras, en la actualidad, la Iglesia cuenta en el país con 19,8 millones de católicos, el 23,7 % de la población alemana.

En Alemania, el impuesto religioso (Kirchensteuer) constituye un tributo que el Estado cobra a los miembros registrados de determinadas comunidades religiosas, principalmente la Iglesia católica y las iglesias protestantes (luteranas y reformadas), aunque también lo pueden recaudar otras confesiones reconocidas oficialmente.

El impuesto religioso

El impuesto religioso en Alemania corresponde al 8 o el 9 por ciento del impuesto sobre la renta (IRPF). Solo lo pagan quienes están registrados como miembros de una iglesia oficialmente reconocida. Por ejemplo, si una persona paga 10.000 euros de impuesto sobre la renta al año, pagará entre 800 y 900 € de impuesto religioso adicional, si está registrada como miembro de una iglesia.

El impuesto lo recauda el Estado alemán a través del sistema fiscal, y luego lo transfiere a la iglesia correspondiente, quedándose con una pequeña comisión. Este mecanismo se introdujo en 1919 con el objetivo de garantizar la independencia financiera de la Iglesia con respecto al Estado.

Para dejar de pagar el impuesto es necesario apostatar oficialmente de la fe. El trámite se realiza en la oficina local de registro civil o el juzgado (dependiendo del estado). Tras la renuncia, se deja de ser oficialmente miembro de la iglesia. Puede tener consecuencias religiosas (por ejemplo, no poder casarse por la iglesia o no recibir algunos sacramentos).

Secularización y escándalos

El elevado número de apostasías de los últimos años tiene lugar a causa de una compleja serie de causas, entre las que destaca el proceso de secularización que se vive en el país. A esta crisis se le unió el impacto, en 2018 de la publicación por parte de la Conferencia Episcopal Alemana de un devastador informe sobre los abusos sexuales en el seno de la Iglesia.

Otros números fundamentales de la vida de la Iglesia católica en Alemania son negativos: en el último año ha descendido el número de bautismos: en 2024 fueron 116.222, mientras que en 2023 se habían celebrado 131.245. Los matrimonios en la iglesia fueron 22.504, mientras que en el año anterior habían sido 27.565. Como nota positiva, 4.743 creyentes fueron readmitidos en la Iglesia; en 2023 habían sido 4.127.

Para tratar de responder a esta sangría de fieles, el 1 de diciembre de 2019 la Iglesia emprendió el así llamado Camino sinodal, una asamblea formada por obispos, órdenes religiosas, comunidades y laicos representantes del Comité Central de Católicos Alemanes.

Las propuestas del Camino sinodal

En las votaciones de sus asambleas Camino sinodal ha reivindicado entre otras reformas la ordenación sacerdotal de mujeres, una mayor influencia de los laicos en la elección de los obispos, una ceremonia pública de bendición de parejas homosexuales, la reforma de las enseñanzas en materia de ética sexual en del Catecismo de la Iglesia Católica, la posibilidad de ordenar a sacerdotes casados.

Tanto representantes de la Curia Romana como el mismo Papa Francisco han intervenido en varias ocasiones para explicar que esta asamblea de laicos, clérigos y religiosos no tiene el poder para cambiar las enseñanzas de la Iglesia de manera autónoma.

Homologar a la Iglesia católica con la protestante

En junio de 2022 el Papa Francisco, en una entrevista publicada por la “Civiltà Cattolica” explicó que el Camino sinodal alemán, tal y como está organizado, corre el riesgo de homologar a la Iglesia católica con la protestante, dado que acaba asumiendo sus mismos postulados.

“Ya hay una muy buena Iglesia evangélica en Alemania. No necesitamos dos”, explicó el Papa, repitiendo el consejo que ya había dado a monseñor Georg Bätzing, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana.

Problemas similares para la Iglesia Evangélica

La preocupación del Vaticano parece ser confirmada por los números. La adopción de un modelo de Iglesia como el de la protestante no reduce el número de las apostasías. De hecho, la Iglesia Evangélica en Alemania (EKD) está viviendo el mismo fenómeno. En 2024, aproximadamente 345.000 protestantes abandonaron formalmente la iglesia. El número de los cristianos evangélicos en el país ha descendido a unos 18 millones.

El constante descenso de fieles implica también menos ingresos para la Iglesia alemana, una de las mayores contribuyentes a nivel económico con la Santa Sede. En 2023, los ingresos de las 27 diócesis alemanas ascendieron a 6.510 millones de euros, prácticamente 330 millones de euros menos, es decir, un 5% en comparación con 2022.

Convocan una concentración a las puertas de la Conferencia Episcopal Española



La actuación de la Conferencia Episcopal Española sigue dejando mucho que desear según la opinión de diversas organización y fieles que han decidido dar un paso adelante.

La Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos ha organizado para este jueves 3 de abril una concentración a las puertas de la Conferencia Episcopal Española para pedir a los obispos que defiendan la cruz.

La convocatoria está cogiendo fuerza especialmente a través de redes sociales y no se descarta que otros colectivos y organizaciones se sumen a esta concentración cuya previsión es que desborde la calle Añastro, lugar en donde se encuentra la Conferencia Episcopal.

Este acto tendrá lugar tras la concentración espontánea de varias decenas de personas que tuvo lugar el lunes a las puertas de la Conferencia Episcopal en el día en el que dio comienzo la Asamblea Plenaria de los obispos españoles. La convocatoria del jueves, a las 19 horas, tiene intención de reunir a varios cientos de personas para mostrar a los obispos el enfado de los fieles por ceder ante el Gobierno y acceder a la resignificación de parte de la Basílica del Valle de los Caídos.



No poner la X es ayudar a la Iglesia en sus necesidades



Decía el Papa que quiere una Iglesia pobre y para los pobres. Pues bien, ¡pongámonos a ello! Es Cuaresma, tiempo de conversión, y uno no puede convertirse mientras esté aferrado a sus seguridades materiales.

Si el pánico a perder privilegios y rentas públicas paraliza a nuestros pastores, hagámosles un favor: quitémoselo. Arranquémosles esa muleta en la que llevan años apoyándose para no caminar. Para no pastorear. Para no hablar. Para no molestar.

Porque no es caridad dejar que nuestros obispos vivan esclavizados por el temor. ¿Qué clase de amor sería el que consiente que un alma consagrada permanezca prisionera del miedo a perder la paguita? Si el dinero de la casilla de la Renta es la mordaza con la que se ahoga la voz profética, entonces marcar esa cruz es colaborar con el verdugo.

No nos engañemos: la mayoría de nuestros obispos no callan por prudencia evangélica, sino por pura supervivencia institucional. El dogma no es la fe de la Iglesia, sino la financiación autonómica. Y los mártires no dan votos en las subvenciones.

Así que este año, cuando rellenes tu declaración, no te líes. Esa crucecita, la de la Iglesia, déjala en blanco. Porque el quinto mandamiento de la Iglesia es ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Y hoy su necesidad más urgente es que la desposeamos, que la aligeremos, que la liberemos del chantaje institucional. Para ver si, en la indigencia, se acuerdan de Cristo. El que no tenía dónde reclinar la cabeza. El que murió en la pobreza más absoluta y en el silencio más escandaloso.

Queremos obispos que griten el Evangelio, no gerentes de fundación. Pastores, no contables. Mártires, no becarios del BOE. Si el miedo al hambre les ha hecho mudos, entonces ayunemos todos juntos. Porque a lo mejor, sin renta, sin subvención, sin voz en el Consejo Asesor del Ministerio de Igualdad, nuestros obispos redescubren que su fuerza está en la Cruz, no en la casilla.

Ayudar a la Iglesia hoy es empobrecerla. Porque sólo así, desnuda de todo, volverá a ser esposa de Cristo. Y no concubina del poder.

Jaime Gurpegui

Los monjes del Valle de los Caídos no están de acuerdo con el pacto de la Santa Sede con el Gobierno



El periódico La Razón publicaba esta mañana del 1 de abril una noticia en la que se afirma que los monjes del Valle aprueban el acuerdo del Vaticano y Moncloa, pero según ha podido saber InfoVaticana la información es falsa.

La noticia, firmada por José Beltrán quien también escribe para la revista progre Vida Nueva, asegura que los monjes del Valle de los Caídos se sienten «salvados» gracias al acuerdo al que han llegado el Gobierno de España y la Santa Sede que implicará la resignificación de parte de la basílica aunque se mantendrá la sacralidad del templo y a la comunidad benedictina que reza a diario por la reconciliación de todos los españoles.

Fuentes cercanas a la abadía -y muy bien informadas- desmienten taxativamente a InfoVaticana que los monjes estén de acuerdo con el acuerdo al que ha llegado el Vaticano con el Gobierno del socialista Pedro Sánchez. «Los monjes no están de acuerdo. Tragan y acatan lo que hay porque no les queda otra pero no están de acuerdo con ello», asegura una fuente conocedora de cómo se ha gestado todo este asunto.

Además, no dudan en señalar que ese artículo de La Razón «no es verdad y tratan de manipular a los monjes». Por otro lado, en medio de esta fuerte controversia por la situación en la que se encuentra el Valle y tras el polémico y discutido cese de Santiago Cantera como prior del Valle de los Caídos, esta fuente nos confirma que los monjes tratan de animar a la gente a llevar las cosas con paz pero remarca que «una cosa es eso y otra estar de acuerdo ya que no se les ha tenido en cuenta».

En ese sentido, resaltan que «ellos no han hecho declaraciones ni comunicados más allá del nombramiento del nuevo prior» y vuelven a reiterar la falsedad de los tres trienios como excusa para relevar a Cantera como ya explicó este medio hace una semana.

Por otro lado, esta fuente muy cercana a los monjes subraya que aunque el cardenal de Madrid es el señalado por muchos y sobre quien están lloviendo los palos en estos últimos días, no sería él la figura más controvertida en toda esta historia. Esta misma fuente que ha seguido de cerca el proceso, asegura a este medio «más culpa tiene secretaria de Estado del Vaticano que Cobo. Él paró un poco los pies a Roma consciente de muchas cosas».

De este modo, el mayor artífice de todo este desaguisado no sería otro que el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado de la Santa Sede quien llegó a barajar en un primer momento la opción de contentar al ministro Bolaños y desacralizar la basílica del Valle de los Caídos.