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jueves, 15 de octubre de 2026

Reflexiones ante las elecciones anunciadas | Jesús Aguilar Marina






⏲ Tiempo estimado de lectura: 4 minutos


La democracia ha hecho de la dignidad nacional una tragedia de pasillo de comedias, una farsa. Durante la Farsa del 78 hemos visto como todos los ideales han sido traicionados y todas las instituciones corrompidas.

Para todo español de bien, la patria es espíritu, un patrimonio espiritual que reside en cada uno de sus hijos y que se ha materializado en sus tradiciones y en su arte, en su idioma y en su historia. La patria es una conciencia colectiva unida en una idea transcendente. Y esa idea providencial, con la forja de todos sus valores individuales y culturales, es la sinfonía que llamamos España.

Pero dicha pieza orquestal, precisamente por su armonía de valores y su grandeza de hazañas, tiene enemigos; rivales que no pueden aceptar la felicidad del pueblo. Quienes pretenden desprestigiar el paisaje natal, despreciar sus costumbres y abominar de su religión y de sus compatriotas más conspicuos, en vez de estimularlos y encomiarlos todo lo posible, lo hacen impulsados por el resentimiento, un odio sombrío nacido de su naturaleza mezquina.

El socialcomunismo es hoy el gran enemigo de España, en permanente alianza con las oligarquías —interiores y exteriores— políticas y financieras. Sólo la victoria sobre este contubernio podrá salvar una vez más a la patria y evitar que se convierta en una colonia escindida, vulgar y globalista, regida y coaccionada por traficantes, sectarios y traidores.

Esta alianza amenazante, travestida ideológicamente a conveniencia a lo largo de los últimos siglos, transforma a nuestra nación siempre que puede en algo caduco, podrido y humillante. Y contra esa fuerza antiespañola debe enfrentarse sin desmayo el pueblo español libre, como ha venido ocurriendo históricamente. Movimientos, cruzadas, insurrecciones y rebeldías se han reiterado una y otra vez para sacudirse la decadencia a la que tratan de arrastrarla tales enemigos.

Lo ideal sería que la victoria sobre los odiadores no fuera de un partido, sino que los vencedores constituyeran una inmensa multitud. Una gran comunidad de españoles capaz de conducir a España en una sola dirección: la de un código de valores respetuoso con la dignidad y la excelencia, en el que se fundieran los principios de la civilización clásica, génesis de Occidente, con doctrinas, actitudes y propósitos genuinamente españoles, llenos de originalidad y de alma propia.

Una España soberana, en definitiva, reconocible, acreditada y auténtica, alejada de cualquier imitación de políticas extranjeras. Pero para alcanzar este objetivo es preciso un movimiento regenerador. En él todos los hombres y mujeres libres habrían de ser actores, reunidos por el amor y el deber patrio bajo la bandera y la inspiración de una idea y de un destino en pos de la España Una, Grande y Libre de nuestros sueños más altos.

Tras lo antedicho y ante las próximas elecciones anunciadas, ¿reconoce alguno de ustedes, mis amables lectores, esta España imprescindible y soñada en la España que contempla a su alrededor en el trajín cotidiano? ¿Ve alguno de ustedes la Fuerza Nacional veraz, competente y necesaria capaz de oponerse al Frente Popular de Sánchez y, más allá, al Sistema del que éste y sus secuaces dependen? ¿O lo que ve es una época y una sociedad en las que los derechos democráticos se interpretan de forma peculiar?

Nos gustaría afirmar que estos tiempos son idóneos para saber por fin cuántos pueden llamarse españoles de bien entre los más de 38 millones censados actualmente. Pero ello no es posible. Y no sólo porque muchos de ellos constituyen un aditamento espurio mediante fraude electoral; ni porque nadie garantiza la transparencia en los recuentos; sino sobre todo porque una gran parte de los electores restantes, debido al movimiento inmigratorio impuesto y a la artera aculturación implantada, carecen de raigambre y de sentimiento nacional español.
Exceptuando el próspero período franquista, la Farsa del 78 compendia todas las abominaciones sociopolíticas y culturales sufridas por España desde que, con la idolatrada democracia a la cabeza, el sistema liberal parlamentario impuso sus valores de esclavismo y codicia. 
Las directrices globalistas y sus sicarios ejecutores no sólo se han mostrado capaces de utilizar el dolor para ocultar sus maquinaciones, también han patentizado la voluntad de manipular el tiempo pasado para legitimar el poder. Esta es la amarga realidad que, entre otros muchos horrores, la mayoría de los electores españoles ignoran o desean ignorar.

Mas estas reflexiones no pretenden animar o desanimar al hipotético elector. Sólo exponer que en el actual cenagal en que los comediantes han convertido a la patria, unos nuevos comicios no resuelven los problemas de fondo. Las elecciones, como todo lo que corresponde a la Farsa del 78, están heridas de impostura. Pueden ser un paso adelante o un paso atrás. Hasta ahora, la experiencia nos dice que todas las anteriores —y han sido infinidad— han supuesto un viaje hacia el abismo: la legitimación de la trampa a mayor gloria y provecho de la antiespaña partidocrática y de sus parásitos.

La solución, pues, no pasa por elecciones, sino por el zapatazo sobre la mesa de quienes tienen poder para ello y se sienten españoles de bien, si es que hay alguien ahí con estas condiciones. Un zapatazo que en las actuales circunstancias —dada la putrefacción institucional al servicio de los traidores— sería no sólo legítimo, también legal.

«Estar preparado —dijo el escritor austríaco Arthur Schnitzler— es importante, saber esperar es aún más, pero aprovechar el momento adecuado es la clave de la vida». Y de la convivencia española en paz, justicia y prosperidad, añadiríamos nosotros.

Jesús Aguilar Marina | Poeta, crítico, articulista y narrador

El globalismo contra España





Tiempo estimado de lectura: 6 minutos


La ofensiva total contra la soberanía de las naciones ha dejado de ser una amenaza velada para convertirse en una agresión abierta y brutal contra nuestra supervivencia. Las élites globalistas que dirigen los hilos del pensamiento único operan con un desprecio absoluto hacia la soberanía, la historia, la fe y la dignidad de los pueblos libres. El globalismo no busca el progreso de la humanidad, sino la demolición controlada de la civilización occidental para edificar sobre sus ruinas un mercado de consumidores dóciles, con una ideología antinatural y aberrante, de desarraigados y completamente desprovistos de alma. Bajo una retórica hipócrita de supuesta justicia social, los ingenieros de este orden transnacional imponen un totalitarismo que criminaliza el patriotismo y premia la sumisión a sus dictados de pensamientos únicos.

El secuestro del lenguaje y la falacia del multiculturalismo contemporáneo

El aparato de propaganda de las élites utiliza la manipulación lingüística como su arma de ingeniería social más eficaz. Al secuestrar las palabras y alterar sus significados, las terminales mediáticas del poder globalista internacional pretenden destruir la resistencia moral de los ciudadanos y forzar una rendición psicológica colectiva. Los globalistas hablan de «multiculturalismo» como si fuera una virtud y equiparan la civilización occidental de España con la «supremacía blanca», el «patriarcado» y el «imperialismo». Creen que los cristianos, en especial los católicos, deberían celebrar las festividades islámicas, que las fronteras nacionales son «racistas» y que cualquiera que rechace el globalismo promueve el «odio». Esta matriz ideológica busca inculcar un sentimiento perverso de culpa histórica en los pueblos europeos, con el único fin de que acepten su propia liquidación sin ofrecer la menor resistencia.

La consecuencia directa de asumir este marco mental es la disolución absoluta de la verdad y de la justicia. Cuando las instituciones políticas claudican ante este delirio nihilista, la noción misma de soberanía popular se convierte en una cáscara vacía. Si todo es cierto, entonces nada lo es. Y si no hay fronteras, no hay naciones. Si no hay naciones, los gobiernos nacionales no representan a nadie. De esta manera, las sociedades occidentales quedan reducidas a meras sucursales administrativas del Foro de Davos y de las agencias de las Naciones Unidas, donde los gobernantes actúan como capataces de un poder global que no rinde cuentas ante ningún pueblo.

La crisis migratoria y la negación de la realidad nacional

La inmigración, legal e ilegal, y de seguridad que padece España constituye el ejemplo más flagrante de cómo el globalismo utiliza la inmigración masiva como un ariete para desestabilizar a las sociedades homogéneas. Los gobiernos cómplices como el de Sánchez abren las puertas a flujos migratorios inasumibles que destruyen la convivencia, la cultura, la religión y la seguridad en nuestros barrios tradicionales, en definitiva, la esencia de las naciones..

Musulmanes marroquíes en edad militar invaden España a diario. Su sistema de creencias es claramente incompatible con el de los españoles nativos. Sin embargo, políticos y medios de comunicación afirman, de forma ridícula, que los invasores son tan españoles como aquellos cuyas familias han residido en España durante mil años o más. Esta aberración conceptual reduce la identidad nacional a un papel administrativo descartable, ignorando de manera deliberada los lazos de sangre, tradición, cultura y fe que cohesionan a una comunidad a lo largo de los siglos.

La tiranía mediática y judicial no duda en aplastar cualquier disidencia ciudadana que ose denunciar la realidad de esta colonización cultural. Durante décadas, los globalistas han insistido en que los españoles llamemos a los inmigrantes ilegales «recién llegados». Si disientes probablemente sea porque eres un «odiador», un «supremacista blanco» ¡y muy probablemente ambas cosas! Mediante este chantaje psicológico despiadado, el poder globalista busca desactivar el instinto de supervivencia biológica, cultural y religiosa de las naciones receptoras, obligándolas a financiar y aplaudir su propio reemplazo demográfico.

La persecución del cristianismo y la censura en las redes sociales

El odio visceral del globalismo no se dirige únicamente contra las fronteras físicas, sino principalmente contra la fe católica. Las élites globalistas y laicistas saben perfectamente que un pueblo sin Dios es un pueblo sin brújula, fácilmente maleable. Si reconozco en las redes sociales que iglesias católicas están siendo misteriosamente incendiadas en toda España y en el resto de Europa, mi discurso será marcado como «desinformación». La pinza censora formada por los gobiernos de la corrección política y las corporaciones tecnológicas de Silicon Valley silencia la persecución sistemática de los valores occidentales mientras subvenciona e institucionaliza los dogmas de la agenda global. Cuando ser católico en público y defender la fe es inadmisible en Occidente, no hay lugar en el planeta donde los cristianos estén realmente seguros.

El vacío espiritual provocado por esta descristianización forzosa condena a las sociedades a una debilidad terminal, transformando a los ciudadanos en átomos aislados y hostiles entre sí. La cultura, la religión y la identidad nacional importan. Importa si nuestros compatriotas poseen virtud moral y reconocen a Dios como la fuente de nuestros derechos naturales. Importa si los miembros de nuestra sociedad confían lo suficiente los unos en los otros como para trabajar y vivir juntos y que nos unen valores, tradiciones, historia y creencias compartidas. Sin estos lazos comunes, no somos nada los unos para los otros. Somos extraños, o peor aún, somos enemigos. El globalismo promueve intencionadamente este estado de guerra civil cultural larvada para presentarse luego como el único pacificador posible a través de un mayor control social y policial.

El carácter destructivo de la ideología globalista

El balance de las últimas décadas demuestra que el globalismo opera como una auténtica patología civilizatoria, un virus ideológico que corroe todo aquello que toca bajo el pretexto de una hermandad universal ficticia. De todas las filosofías destructivas que han asolado a nuestra especie, el globalismo sin duda se encuentra entre las más nocivas. Se disfraza de falsa virtud, empatía fingida y compasión simulada. Disfraza la conformidad ideológica de «mentalidad abierta». Predica la «coexistencia» mientras subyuga a los disidentes. Despoja a las personas de su herencia en nombre de la «tolerancia». Reescribe la historia cuando le conviene. Reemplaza el mérito y la igualdad con el derecho y el privilegio. Cuando es posible, el globalismo recicla la civilización occidental en cosmovisiones extranjeras, y cuando eso es imposible, arroja todo lo que apreciamos directamente a la basura.

La aceptación pasiva de esta agenda conduce de manera irremediable a la muerte por inanición espiritual de los pueblos. Quienes se niegan a emitir juicios de valor y equiparan la civilización propia con la barbarie extranjera cometen un acto de traición histórica imperdonable. Si todas las civilizaciones son «occidentales», entonces Occidente no significa nada. Si todas las naciones son iguales, entonces ningún país merece ser defendido. Y si todos los credos son meras «construcciones sociales», entonces la religión católica deja de ser la verdadera y la virtud cívica no es mejor que el vicio antisocial, Es el puro relativismo. El nihilismo no inspira sacrificios heroicos; invita al suicidio cultural. Las sociedades que sustituyen el heroísmo por el confort material y la cobardía moral están condenadas a la esclavitud.

La necesidad urgente de una resistencia civilizatoria

España y Occidente se encuentran ante un dilema existencial definitivo: o reaccionan con una firmeza implacable o se disuelven para siempre en la distopía deshumanizada del Nuevo Orden Mundial. Los conceptos prefabricados por la burocracia globalista carecen por completo de la fuerza mística necesaria para defender una patria. Nadie defiende el mundo cristiano rindiéndose ante el islam. La supervivencia requiere recuperar el orgullo de nuestra herencia, la reverencia por nuestros ancestros y la disposición absoluta al combate cultural frente a quienes pretenden borrarnos de la historia.

El destino de las próximas décadas pertenecerá exclusivamente a las comunidades que decidan romper las cadenas del consenso progre-globalista y reafirmen su derecho a existir con orgullo. El futuro pertenece a quienes no temen emitir juicios morales, culturales y religiosos. Solo quienes estén dispuestos a afirmar lo evidente —que la civilización occidental merece ser defendida— podrán liderar Occidente en las próximas décadas. No cabe el pacto ni la sumisión intermedia con una ideología cuyo objetivo último es nuestra destrucción total. Cualquier nación que no esté dispuesta a defender su forma de vida perecerá. La reconquista de nuestra soberanía y de nuestros valores tradicionales no es una opción política; es el imperativo histórico ineludible para salvaguardar el futuro de nuestros hijos. Ahí está el futuro de España.

miércoles, 14 de octubre de 2026

La maquinaria de la intolerancia ideológica: el odio visceral como motor político de la izquierda




Tiempo estimado de lectura: 3 minutos

El panorama político español se enfrenta a una degradación institucional y social sin precedentes históricos. A las puertas de la trascendental cita electoral del próximo 29 de noviembre, resulta imperativo analizar los resortes psicológicos e ideológicos que mueven al bloque de la izquierda y la extrema izquierda en nuestro país. Lejos de la confrontación clásica de programas o modelos de gestión, el debate público se ha visto inundado por una corriente de hostilidad que imposibilita cualquier tipo de entendimiento básico. La izquierda muestra síntomas claros de una animadversión patológica -cuando no, de odio visceral- hacia todo lo que representa la oposición, lo que anula toda opción de diálogo civilizado sobre política o convivencia ciudadana.

La ausencia de razón en el argumentario sectario

La izquierda no atiende a razones lógicas ni se fundamenta en un sentimiento noble de justicia social, a pesar de la constante propaganda oficial. El verdadero motor que impulsa sus acciones cotidianas y sus discursos parlamentarios es un rencor profundo e irracional. Para la izquierda, la discrepancia política no constituye una opción legítima dentro del marco social. Cualquier posicionamiento que huela a crítica u oposición recibe una respuesta violenta que busca la destrucción del adversario, en lugar de una réplica argumentada. Esta dinámica brutal y agresiva persigue la eliminación del pensamiento disidente mediante el señalamiento público, la cancelación cultural, la represión y, en algunos casos, la muerte.

Como consecuencia directa de esta estrategia de odio y venganza, el bloque izquierdista dirige sus ataques de manera sistemática hacia la demolición de los pilares fundamentales que sostienen la civilización occidental. Así, sus ofensivas legales y mediáticas golpean con dureza a la institución de la familia, el derecho a la vida desde su concepción hasta la muerte natural, la libertad individual de los ciudadanos y la práctica de la religión, mostrando una fijación especial en la persecución y el desprecio hacia la fe católica. Asimismo, las reformas normativas erosionan los modelos educativos independientes y la propiedad privada. El resentimiento y el deseo de revancha histórica conforman las únicas banderas reales de este movimiento político.

El fanatismo ciego ante la corrupción del líder

El seguidismo ciego hacia los dirigentes políticos que enarbolan estas consignas divisorias retrata la preocupante pérdida de criterio de una base electoral anestesiada. No importa que los tribunales o las investigaciones demuestren de forma nítida que sus líderes forman parte de tramas corruptas, redes criminales o estructuras clientelares de corte mafioso. Los militantes y simpatizantes izquierdistas perdonan de manera sistemática cualquier desmán tildándolo de persecución judicial o conspiración mediática. La masa militante fanática de la izquierda coloca una venda voluntaria sobre sus propios ojos para evitar el choque con la realidad fáctica de los juzgados.

Este estado de alienación ideológica deforma la percepción de la verdad y empuja a los votantes a contemplar únicamente aquellos datos que encajan en su relato partidista. La izquierda carece de principios éticos universales ni normal morales y abraza la vieja máxima de que el fin justifica los medios. La mentira sistemática y la manipulación psicológica de las masas constituyen las herramientas predilectas para conservar las cuotas de poder.

En este contexto de falsedad estructural, el Gobierno y sus satélites mediáticos utilizan la bandera de la vulnerabilidad de figuras como Maricarmen para activar el voto emocional, mientras guardan un silencio cómplice e hipócrita ante delitos graves, como las violaciones en manada, cuando los autores pertenecen a colectivos de origen extranjero, o la invasión de Ceuta por miles de marroquíes. Esa amalgama de odio, impunidad y doble moral es, en definitiva, la propuesta real que los ciudadanos encontrarán en las urnas el próximo 29N.

domingo, 11 de octubre de 2026

Santiago Abascal, contundente tras la decisión de Sánchez: "Es una persona al servicio de Marruecos"



DURACIÓN 32:43 MINUTOS

¿QUÉ PASA EN LA IGLESIA? #138 PADRE JORGE GONZÁLEZ GUADALIX.



DURACIÓN 34:12 MINUTOS



EMPEZAMOS EN ROMA

ESPAÑA 

1. Otro novio para Barcelona 

2. Acercar la vida contemplativa a los jóvenes https://declausura.org/ 

3. Congreso Católicos y Vida pública 

MUNDO 

4. 10 años de Amoris laetitia 

5. Vete a otra parroquia 

6. Oración y ayuno frente al aborto 

7. Fundación Donum Missionis 

8. San Bruno y la cartuja


Las engañosas tácticas de la revolución silenciosa que arrasa la Iglesia




A lo largo de más de dos mil años, la Iglesia Católica ha conocido prácticamente todo cuanto pueda sucederle a una institución: malos pontífices, prelados corruptos, herejías, cismas, revoluciones, persecuciones, monasterios decadentes, curas depravados y teólogos tan resueltos a ser originales que al final ni ellos mismos se entienden.

Y a pesar de todo, la Iglesia sigue adelante. No porque los católicos hayan sido siempre prudentes; ésa sería una hipótesis histórica bastante atrevida. La Iglesia ha sobrevivido a causa de un fenómeno peculiar que no deja de repetirse: una vez pasadas la humareda, las disputas y las piruetas intelectuales, la ortodoxia católica ha demostrado tener una capacidad extraordinaria de supervivencia. Arrio pasó a la historia; pero Nicea permaneció. Los cátaros desaparecieron; y el Credo siguió en pie. El jansenismo, el modernismo y muchas otras modas semejantes surgieron presentándose como el futuro, y terminaron reducidos a meras notas marginales. Sin embargo, el catolicismo posee una piedra de toque bastante clara: su continuidad. De ahí la importancia de la Tradición, del depósito heredado de la Fe.

Eso no quiere decir que nada vaya a cambiar nunca. La liturgia se ha desarrollado, el derecho canónico ha cambiado, las disciplinas eclesiásticas han conocido alteraciones y las fórmulas teológicas han tenido nuevas definiciones. Al cabo de quinientos años, una encina no se parece a la bellota de la que salió. Ahora bien, si de pronto de la bellota sale un tulipán, ya no cabe hablar de desarrollo. Y ahí es donde radica el problema de la crisis que actualmente atraviesa la Iglesia. Porque no se ha producido un asalto por sorpresa al Vaticano. En un principio, la doctrina permanece intacta. El esquema por el que funciona hoy en día la Iglesia viene a ser el siguiente: «Claro que la doctrina no cambia, pero hace falta cambiar el enfoque pastoral». Así se tranquiliza la gente… hasta que con el paso de los años la práctica pastoral termina por transmitir exactamente lo contrario de la doctrina que en teoría se mantiene intacta.

Fijémonos en el caso de Alemania. El camino sinodal no se limitó a hablar de reformas administrativas o de mejoras en la supervisión de la autoridad episcopal. En el orden del día figuraban temas como sexualidad, homosexualidad, el papel de la mujer en cargos eclesiásticos, o la estructura jerárquica. En 2023 el camino sinodal llegó a adoptar una resolución que pedía la celebración de ceremonias particulares para, entre otras cosas, parejas homosexuales y divorciados vueltos a casar, y la formulación de ritos especiales para esos casos.

La propia Roma identificó el problema. En 2022, la Santa Sede declaró categóricamente que el camino sinodal alemán carecía de autoridad para imponer nuevas formas de gobernar la Iglesia ni instrucciones novedosas en materia de doctrina y moral, ya que desgarraría el tejido de la Iglesia y pondría en peligro la unidad. Ni más ni menos. Cuando Roma se ve obligada a amonestar públicamente a un proceso dirigido por obispos para que no introduzca una nueva moral, está claro que no se trata de una irregularidad litúrgica de poca monta.

Y a pesar de ello el proceso siguió. En abril de 2025, representantes de la Conferencia Episcopal Alemana y del Comité Central de los Católicos Alemanes publicaron un manual que fomentaba descaradamente la bendición de divorciados vueltos a casar, parejas de cualquier orientación y parejas no casadas por la Iglesia. Una vez más, no dicen que la doctrina sea errada, sino que acompañan a las personas. No es que cambie la moral; es cercanía pastoral. Y al que discrepe le cuelgan automáticamente el sambenito de fariseo. El innovador tiene amor; el católico ortodoxo por lo visto sólo tiene el libro de la ley. Es una retórica muy cómoda.

El mismo problema salió a la luz con Fiducia supplicans. Este documento de 2023 sostiene de manera formal y explícita la doctrina católica sobre el matrimonio. Llega incluso a afirmar que las uniones homosexuales no deben confundirse con el matrimonio, y que las bendiciones en cuestión no deben celebrarse de forma que parezca una boda. Pero luego permite las bendiciones espontáneas de parejas del mismo sexo. Hay que ser ingenuo a más no poder para creer que un acto simbólico no transmite ningún mensaje.

Al día siguiente de la publicación del documento, el jesuita estadounidense James Martin bendijo una pareja homosexual en Nueva York en presencia de periodistas. Se podría decir que, formalmente, no se casó a nadie. Pero en la práctica, medio mundo vio a dos hombres que vivían emparejados recibir juntos la bendición de un sacerdote católico.

Y vuelven con la curiosa distinción de siempre: «Lo que ha visto no es lo queremos decir». Se trata de una estrategia pastoral compleja a largo plazo. El lenguaje sacramental de la Iglesia se compone precisamente de signos visibles. Si durante años se nos ha enseñado que los gestos representan realidades, no podemos ponernos a insistir de la noche a la mañana en que hay que entenderlos a la luz de una nota a pie de página de un documento de la Santa Sede.

Está además el caso de Johan Bonny, obispo de Amberes. En marzo de este año declaró estar empeñando esfuerzos para que en 2028 se puedan ordenar en su diócesis hombres casados. Y después de un periodo brevísimo de formación. Cuando el verdadero sacerdocio requiere muchos más años de formación. Incluso lo dijo de tal manera que dio a entender que no es tanto cuestión de si se hará sino de cuándo se hará. Ya se están preparando aspirantes, aunque para que se ordenen hará falta la aprobación de Roma. Y eso es precisamente lo que indica el nuevo estilo de llevar la Iglesia. Primero, se infunden esperanzas. Después se organiza la práctica. Y por último se pide a Roma que regularice algo que durante ese tiempo ha ido surgiendo. La cuestión no es qué es lo que permite la Iglesia, sino qué se puede hacer para que más tarde a la Iglesia le resulte difícil revertir la situación. Eso no es sinodalidad. Es una teología de hechos consumados.

Esto nos recuerda al papa Francisco. Su pontificado promovió una cultura en que la ambigüedad se interpretaba siempre en un sentido marcadamente progresista. Más o menos, la fórmula siempre era: la doctrina sigue intacta, pero este caso en concreto es complejo; todavía hay unas normas, pero hace falta discernimiento. La doctrina es clara, pero su aplicación pastoral variará según los casos. En sí, no hay nada que no sea católico. Santo Tomás de Aquino sabía también que según las circunstancias concretas hay que hacer uso de prudencia. Pero cuando prácticamente todas las excepciones apuntan en la misma dirección, toca preguntarse si seguimos hablando de casos excepcionales.

Hay motivos para preocuparse. ¿Por qué? Leamos la historia de la Iglesia. Cuando un trastorno ha sacudido a la Iglesia, casi nunca empezó porque alguien anunciara: «A partir del próximo lunes vamos a hacer borrón y cuenta nueva con dos mil años de tradición católica». No es así como lo hacen. Comienzan diciendo que no se ha entendido bien la doctrina. Luego dicen que la terminología es perjudicial. Después, que nadie quiere cambiar la doctrina, pero hay que dar lugar a la pastoral. Por aquí y por allá, empiezan a hacerse experimentos. Los experimentos se vuelven la práctica. La práctica suscita expectativas. Las expectativas se convierten en una experiencia de vida. Y al final, a quienes defienden la doctrina original se les pregunta por qué se aferran tanto a conceptos ya superados. Así funciona la revolución silenciosa.

No se trata de negar el dogma, sino de conseguir que se evapore. No te dicen «esto ya no es verdad», sino «hoy en día hay que matizar más en este asunto». No dicen: «El sexto mandamiento ya no rige», sino «no se puede agobiar a la gente con tantas normas». En vez de «el sacerdocio está cambiando», dicen: «La situación de la parroquia exige otra cosa ahora». De esa forma, una doctrina puede seguir durante años en el Catecismo aunque cada vez sea menos eficaz pastoralmente.

A veces la Iglesia tiene que estudiar nuevas maneras de proclamar una misma verdad de un modo inteligible. Pero, precisamente por eso, la pregunta decisiva no es si está cambiando algo, sino si en la novedad que se introduce se puede apreciar un nuevo desarrollo orgánico de lo precedente, o si se ha producido una ruptura con lo anterior. Por eso, la continuidad no es pasatiempo de nostálgicos. Es un criterio católico. El verdadero católico no se limita a preguntar si la novedad es amable, o inclusiva, o tiene eficacia pastoral. La pregunta decisiva siempre es: «¿Es esta la misma Fe que se nos transmitió? ¿La de San Pablo, San Agustín, Santo Tomás, Trento, Newman, Juan Pablo II y Benedicto XVI?»

Quizás lo más paradójico de la presente situación sea que durante sesenta años nos han intentado convencer de que las reformas progresistas son necesarias para que la Iglesia resulte más atractiva para el hombre de hoy. Y sin embargo, en los países más secularizados los templos se vacían. ¿No será que al hombre de hoy le impresiona menos una Iglesia que le dice lo que ya leyó en el periódico de ayer? ¿Quién va a querer madrugar un domingo para que en una iglesia le vengan con sermones que digan lo mismo que oyó la noche anterior por la tele? Al cabo de un tiempo, quien no vea a nadie con él en la iglesia puede llegar a la conclusión de ya se ha llegado al ideal profético. Pero cabe otra posibilidad: que se haya equivocado de camino.

Sólo hay una cosa verdaderamente revolucionaria que ofrece la Iglesia: el Evangelio. Y el Evangelio no se puede adaptar a los gustos del público como un producto que se vende en el mercado. El cristianismo no nació porque a doce apóstoles se les ocurrió ajustarse más al espíritu romano de su tiempo. Proclamaban algo que a algunos de sus contemporáneos les gustaba, a otros les parecía una locura y a otros los escandalizaba. Y por esa razón, no los invitaban a participar en un diálogo sinodal. Al revés, los mataban.

Por Monseñor Robert Mutaerts
Obispo auxiliar de Bolduque (Holanda)

jueves, 8 de octubre de 2026

De Familiaris consortio a Amoris laetitia y ¿la respuesta a las dubia que quedó pendiente?






Roma comienza este miércoles a hacer balance de los diez años de Amoris laetitia. Del 7 al 14 de octubre, cerca de 250 obispos, entre presidentes de Conferencias Episcopales y responsables de las Iglesias católicas orientales, participarán junto a familias y expertos en un encuentro convocado por León XIV para examinar la aplicación de la exhortación de Francisco y los desafíos actuales de la pastoral matrimonial y familiar.

La cita llega una década después de uno de los documentos más discutidos del pontificado anterior. Amoris laetitia, publicada en abril de 2016 después de las dos asambleas sinodales sobre la familia de 2014 y 2015, abrió un amplio proceso de aplicación en las Iglesias locales, especialmente en torno al acompañamiento de los divorciados vueltos a casar y otras situaciones denominadas «irregulares».

Diez años después, Roma quiere saber qué ha ocurrido durante ese proceso.

El encuentro ha sido presentado por la Santa Sede como eminentemente pastoral. No está previsto revisar la exhortación ni elaborar un nuevo documento magisterial que la sustituya. Los participantes deberán compartir experiencias, identificar dificultades y valorar qué caminos pueden seguirse en los próximos años.

Sin embargo, el aniversario devuelve también al primer plano algunas de las cuestiones que acompañan a Amoris laetitia prácticamente desde su publicación y que nunca recibieron una aclaración formal

Qué se discutirá durante esta semana

Los trabajos se desarrollarán en el Aula Pablo VI y estarán organizados alrededor de cinco grandes ámbitos: la realidad y los desafíos de las familias actuales, la vocación matrimonial de los jóvenes, los primeros años de matrimonio, el acompañamiento en las situaciones difíciles y la familia cristiana como sujeto de la misión de la Iglesia.

La metodología tendrá también un marcado carácter sinodal. Los participantes trabajarán mediante la denominada «conversación en el Espíritu», alternando intervenciones, escucha y momentos de silencio. Los grupos deberán señalar convergencias, divergencias, tensiones, cuestiones pendientes y posibles pasos futuros.

Al término de los cinco días temáticos se elaborará un informe de síntesis que será discutido por la asamblea, entregado a León XIV y posteriormente publicado.

La reunión concluirá el 14 de octubre, después de una semana destinada fundamentalmente a escuchar qué ha ocurrido en las Iglesias locales durante los diez años transcurridos desde la publicación de Amoris laetitia.


De Familiaris consortio a Amoris laetitia


Una de las claves para comprender lo que está detrás de este aniversario se encuentra en la relación entre Amoris laetitia y la enseñanza anterior de san Juan Pablo II.

En 1981, Familiaris consortio había abordado expresamente la situación de los divorciados que habían contraído una nueva unión mientras continuaba existiendo un vínculo matrimonial válido.

Juan Pablo II reafirmó entonces «la praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez», porque su estado y situación de vida «contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía».

Cuando razones graves —por ejemplo, la educación de los hijos— aconsejasen mantener la convivencia, Familiaris consortio vinculaba el regreso a los sacramentos al compromiso de vivir «en plena continencia», absteniéndose de los actos propios de los esposos.

Amoris laetitia mantuvo la doctrina de la indisolubilidad matrimonial, pero puso un acento mayor en el discernimiento de cada situación y en los factores capaces de disminuir la responsabilidad subjetiva.

Su número 305 señala que, debido a «condicionamientos o factores atenuantes», una persona puede encontrarse «en una situación objetiva de pecado» sin ser plenamente culpable. Y la conocida nota 351 añadió que la ayuda ofrecida por la Iglesia «en ciertos casos» podía incluir también los sacramentos, con referencias expresas a la Confesión y a la Eucaristía.

La exhortación no especificó en ese punto cuáles eran esos casos ni reiteró la condición de continencia establecida por Familiaris consortio.

De esa diferencia surgió una de las principales controversias que acompañaron la recepción del documento.

Las cinco dubia que Francisco no respondió

El 19 de septiembre de 2016, apenas cinco meses después de la publicación de Amoris laetitia, los cardenales Walter Brandmüller, Raymond Leo Burke, Carlo Caffarra y Joachim Meisner enviaron a Francisco cinco dubia, preguntas doctrinales formuladas para obtener una respuesta afirmativa o negativa.

La primera iba directamente al punto que había generado mayor discusión.

Los cardenales preguntaron si, después de Amoris laetitia 300-305, era posible conceder la absolución sacramental y admitir a la Eucaristía a una persona que, estando vinculada por un matrimonio válido, conviviese more uxorio —manteniendo una relación propia de los esposos— con otra persona sin cumplir las condiciones previstas por Familiaris consortio 84.

Las otras cuatro preguntas ampliaban el problema. Tomando como referencia Veritatis splendor, preguntaban si continuaba siendo válida la enseñanza sobre la existencia de normas morales absolutas, los actos intrínsecamente malos, la situación objetiva de pecado grave, el papel de las circunstancias y los límites de la conciencia frente a las normas morales.

Francisco no respondió formalmente a las preguntas. Los cuatro cardenales decidieron hacerlas públicas en noviembre de 2016. Caffarra y Meisner murieron al año siguiente sin haber recibido una respuesta.
Diez años de aplicaciones diferentes

La falta de una respuesta formal no detuvo la aplicación de Amoris laetitia.

Durante los años siguientes, distintas Conferencias Episcopales y diócesis desarrollaron orientaciones pastorales para interpretar el capítulo VIII de la exhortación. La cuestión de los divorciados vueltos a casar ocupó buena parte del debate, precisamente porque los criterios adoptados no fueron idénticos en todas partes.

Uno de los episodios más relevantes se produjo con las directrices de los obispos de la región pastoral de Buenos Aires. El documento argentino sostuvo que, cuando no fuese factible vivir en continencia y existiesen determinadas circunstancias, podía abrirse un camino de discernimiento que incluyera eventualmente el acceso a los sacramentos.

Francisco respaldó aquella interpretación en una carta de septiembre de 2016, afirmando que el texto explicaba «cabalmente el sentido del capítulo VIII» y que «no hay otras interpretaciones». Ambos documentos fueron posteriormente publicados en las Acta Apostolicae Sedis, acompañados de un rescripto que los calificó como magisterio auténtico.

Ese desarrollo aportó un elemento importante para interpretar la intención de Francisco, pero no produjo una respuesta formal a las cinco dubia ni eliminó las diferencias existentes en la aplicación pastoral entre las distintas Iglesias locales.

Es precisamente esa década de experiencias la que Roma comienza ahora a examinar.


León XIV coloca Amoris laetitia junto a Familiaris consortio


En su mensaje del pasado 19 de marzo con motivo de los aniversarios de Familiaris consortio y Amoris laetitia, León XIV recordó conjuntamente las dos exhortaciones y afirmó que ambas han impulsado el compromiso doctrinal y pastoral de la Iglesia al servicio de los jóvenes, los esposos y las familias.

El Papa ha querido así situar el encuentro de octubre dentro de un recorrido más amplio de la pastoral familiar, en lugar de presentarlo únicamente como una conmemoración del documento de Francisco.

Ese planteamiento aparece también en la presentación de los trabajos. Los responsables del encuentro han recordado expresamente las raíces de Amoris laetitia en el Concilio Vaticano II y en Familiaris consortio, que este año cumple 45 años.

Lo que está en juego esta semana

El encuentro que comienza hoy no está convocado para responder a las dubia, revisar el capítulo VIII ni determinar nuevamente quién puede recibir los sacramentos. Tampoco está previsto que de él salga una nueva exhortación apostólica.

La pregunta oficial es mucho más «pastoral»: qué ha aprendido la Iglesia durante estos diez años y qué debe hacer a partir de ahora.

Pero el balance llega después de una década en la que Amoris laetitia ha sido objeto de interpretaciones y aplicaciones diferentes. Por eso, junto a las experiencias que presenten las Conferencias Episcopales, permanecerá de fondo una cuestión que acompaña a la exhortación desde 2016: cómo debe entenderse su propuesta de discernimiento en continuidad con Familiaris consortio y con los principios morales reafirmados por Veritatis splendor.

El 14 de octubre se conocerá el informe de síntesis de esos trabajos. Las cinco dubia de Brandmüller, Burke, Caffarra y Meisner, entretanto, quedaron sin una respuesta formal.

miércoles, 7 de octubre de 2026

No lo olvidemos nunca: éste es Pedro Sánchez





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Balance caso por caso de la gestión de Sánchez ante la cita electoral del 29N

El panorama político español experimenta un vuelco decisivo tras el reciente anuncio de la convocatoria de elecciones generales anticipadas para el próximo 29 de noviembre. La posibilidad real de articular una alternativa política y desplazar a Pedro Sánchez de la presidencia del Gobierno activa los engranajes electorales de todo el país. Sin embargo, la inmediatez de la campaña y las promesas de futuro suelen actuar como un manto que diluye la memoria colectiva. Hoy, ante una encrucijada de tal magnitud, resulta imprescindible ejercer un ejercicio de memoria histórica reciente para analizar detalladamente la trayectoria, las decisiones y las consecuencias de la gestión de Sánchez durante estos ocho años, desglosando cada uno de los episodios que marcan este periodo. Sin ánimo de ser exhaustivos podemos señalar:

1. Ceuta y la vulnerabilidad de las fronteras nacionales

La situación de Ceuta tras la invasión de más de 80.000 marroquíes – y que aún permanecen más de 10.000- evidencia una quiebra en la seguridad social y de la unidad nacional.. Los invasores, la política de apoyo a la inmigración masiva, y la gestión de la frontera terrestre sostienen un escenario de vulnerabilidad, inestabilidad y caos. Los residentes denuncian la alarmante inseguridad ciudadana que altera por completo la vida cotidiana de las familias. Las mujeres ya no pueden ir solas por la calle debido al riesgo constante de agresiones sexuales, robos, etc.

2. Adamuz y la opacidad en las infraestructuras

El accidente ferroviario en las inmediaciones de Adamuz se saldó con la alarmante cifra de 46 muertos por una evidente falta de mantenimiento y seguridad en las infraestructuras del Estado y permanece como un episodio de profunda opacidad institucional. A pesar de saldarse con la trágica cifra de 46 personas muertas, la investigación oficial no ha derivado en la asunción de responsabilidades políticas ni técnicas en el Ministerio de Transportes en una vergonzosa muestra de cobardía política. Las pesquisas sobre los tramos de vía férrea sustraídos siguen sin arrojar resultados claros, diluyendo la rendición de cuentas ante las familias de las víctimas.

3. El apagón energético y sus consecuencias críticas

El colapso del suministro eléctrico dejó desprotegidos a miles de ciudadanos vulnerables por culpa de una caótica y sectaria política energética. Sánchez no asume la autoría del incidente y echa la culpa de manera cobarde a las centrales nucleares, a las que previamente su propio ministerio había mandado desconectar o trabajar al mínimo de su capacidad por puros prejuicios ideológicos. Debido a esta negligente falta de previsión, tras forzar la desconexión o el funcionamiento al mínimo de las centrales nucleares, las desconexiones masivas provocaron situaciones de desamparo absoluto, llegando a causar la muerte agónica de ciudadanos dependientes de respiradores artificiales en sus propios domicilios sin que ningún miembro del Consejo de Ministros asumiera responsabilidades por las directrices energéticas.

4. La catástrofe de la DANA y la omisión de auxilio

La gestión de las inundaciones provocadas por el temporal evidenció una cruel falta de empatía institucional por parte de la Moncloa, que prefirió el cálculo electoral a la salvación de vidas. El presidente del Gobierno central optó por inhibirse, bloquear el envío del Ejército y esperar la reacción de las administraciones locales con una frase literal que destila una soberbia inadmisible:

«Si quieren ayuda, que la pidan».

Esta postura supuso retrasos críticos en el despliegue del Ejército y los servicios de emergencia estatales en las zonas más afectadas.

5. El abandono de los damnificados en La Palma

La falsa compasión gubernamental hacia los damnificados por la erupción del volcán desapareció por completo en cuanto se apagaron los focos de las televisiones. El líder del Ejecutivo no ha vuelto por allí ni quiere saber nada de las promesas de reconstrucción económica que firmó ante los medios. Hoy en día, la Moncloa ignora el sufrimiento de las familias afectadas, que siguen malviviendo de forma indigna en barracones industriales y contenedores provisionales tras haberlo perdido todo a la espera de las ayudas económicas prometidas que no llegan.

6. La gestión del COVID-19 y el falso Comité de Expertos

La gestión de la crisis sanitaria de 2020 constituyó un fraude y un fracaso absoluto del Sistema Nacional de Salud, situando a España en los peores ratios de mortalidad de toda Europa. El Ejecutivo central justificó decisiones unilaterales, sectarias y que atentaban contra la libertad de las personas y el arresto domiciliario de la población basándose en las recomendaciones de un Comité de Expertos inventado, que realmente no existió nunca. Sanidad manipuló los datos oficiales y todavía hoy oculta el número real de víctimas mortales. El sectarismo político de Sánchez primó sobre la vida de los españoles al permitir de forma negligente la manifestación ideológica del 8M cuando los contagios ya se encontraban disparados de forma exponencial.

7. El fraude de la reforma de la Ley de Nietos

El Gobierno utiliza de forma fraudulenta la normativa de memoria democrática como una vía rápida para tramitar regularizaciones masivas en el extranjero con fines puramente electorales. La instrucción administrativa del Ministerio de Justicia rebajando los requisitos técnicos regaló la nacionalidad española a miles de ciudadanos sin la necesidad de que tengan que acreditar un parentesco real o consanguíneo con los exiliados históricos, adulterando gravemente el censo de votantes.

Múltiples municipios y pequeñas corporaciones locales del entorno rural se han visto desbordadas al constatar de forma repentina que su población censada se triplicaba en cuestión de meses. Es un fraude electoral.

8. Regularización masiva

El gobierno de Sánchez acelera los trámites para legalizar la situación administrativa de golpe a cerca de un millón de inmigrantes que residen de forma ilegal en el país. Esta maniobra constituye una estrategia clientelar para fabricar un nuevo electorado dependiente del subsidio estatal y la fidelización del voto. Esta medida genera además un destructivo e inmediato efecto llamada que beneficia de forma directa a todas las mafias y organizaciones no gubernamentales que se lucran con el tráfico ilegal de personas.

9. Pegasus y las contrapartidas diplomáticas con Marruecos

El hackeo masivo de los dispositivos móviles del presidente y de varios ministros mediante el software espía Pegasus coincidió temporalmente con un giro radical e inconsulto en la política internacional respecto al Sáhara Occidental. Con posterioridad, el Gobierno articuló la concesión de miles de millones de euros para subvencionar empresas y explotaciones agrícolas marroquíes, introduciendo productos que carecen de estrictos controles sanitarios y que compiten en desigualdad de condiciones con el sector primario español

10. Okupación

El marco legal que impulsan los socios separatistas y de extrema izquierda ampara abiertamente a los delincuentes que violan el derecho de propiedad privada. Con las leyes actuales del sanchismo, las trabas burocráticas y judiciales introducidas en la legislación de vivienda impiden los desalojos exprés, de forma que si se te mete una familia de okupas en tu casa, los plazos judiciales se alargan deliberadamente durante años y los intrusos te arruinarán la vida económica y familiar con total impunidad, mientras la policía contempla los hechos con las manos atadas.

11. Indultos a los golpistas separatistas

La sumisión de Pedro Sánchez ante las exigencias de los líderes separatistas dinamitó el Estado de derecho y desautorizó el trabajo del Tribunal Supremo. El Ejecutivo aplicó la medida de gracia de forma arbitraria y concedió indultos gubernamentales a casi todos los golpistas implicados de forma directa en los delitos de sedición y malversación, traicionando su promesa electoral explícita de no perdonar jamás a quienes quebrantaran la Constitución.

12. ETA

La supervivencia del Gobierno sanchista descansa sobre la indigna alianza parlamentaria con los herederos de la banda terrorista ETA. Como pago directo por los votos de EH Bildu, el Ejecutivo entregó de forma infame la transferencia de las competencias penitenciarias al Gobierno vasco. La coalición proetarra no tardó en utilizar este privilegio para vaciar las cárceles, aplicar terceros grados exprés y soltar a la calle a asesinos múltiples de la organización terrorista ETA antes de cumplir sus condenas.

13. Las excarcelaciones de la ley de protección a la mujer

La implantación de la conocida ley del «solo sí es sí» derivó en el mayor atentado de seguridad jurídica para las víctimas de violencia sexual en la historia contemporánea española. El sectarismo ideológico y los fallos en el diseño técnico de la norma penal permitieron la rebaja sistemática de condenas y la excarcelación imprevista de centenares de violadores. La protección se debilitó aún más ante los fallos logísticos de las pulseras de control telemático, un escenario crítico ante el cual ningún cargo político del Ministerio de Igualdad asumió la culpa.

14. El bloqueo sistemático de los Presupuestos Generales

El Ejecutivo de Pedro Sánchez ostenta el récord absoluto de incumplimiento del mandato constitucional recogido en el artículo 134, que obliga a presentar anualmente las cuentas del Estado. España encadena cuatro ejercicios consecutivos sin presupuestos aprobados, lo que obliga a gobernar mediante la prórroga sistemática y artificial de cuentas anteriores, un síntoma de debilidad parlamentaria que debilita el control económico de las instituciones.

15. Un sumario inabarcable de negligencias y despropósitos bajo sospecha

Para no extender en demasía este análisis y ante la ingente acumulación de causas pendientes, resulta obligado agrupar en este último apartado un compendio de escándalos que completan este demoledor balanceLa mordaza mediática
  1. El asalto implacable a las instituciones del Estado y al Poder Judicial
  2. Las presiones a los jueces y la quiebra de la separación de poderes
  3. Las sospechas de fraude en las primarias del PSOE
  4. La deuda y el descuadre contable de la SEPI
  5. El caso Tito Berni y la corrupción parlamentaria
  6. La trama Peugeot con Koldo, Ábalos y Cerdán
  7. El rol del expresidente Zapatero y el eje venezolano
  8. El fracaso de las políticas de vivienda
  9. La recaudación de la DGT mediante balizas obligatorias
  10. La subordinación política de la cúpula de la Policía Nacional
  11. El desmantelamiento de la Guardia Civil y OCON-Surr.
  12. El control de la Fiscalía a las órdenes de Bolaños
  13. El declive del sistema educativo en el Informe PISA
  14. La financiación singular y a la carta para Cataluña
  15. El caso de las cloacas de Leire Díez
  16. Las sospechas de fraude en las Elecciones Generales de 2023
  17. La imputación del Fiscal General del Estado por revelación de secretos
  18. La manipulación demoscópica del CIS de Tezanos
  19. La impunidad judicial del caso ERE en el Tribunal Constitucional

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1 comentario de Javier

… más:

1. Llamó cambios de opinión a sus mentiras.
2. Levantó un muro entre españoles.
3. Hizo del guerracivilismo su estrategia de supervivencia.
4. Compró la investidura con impunidad.
5. Quebró la igualdad entre españoles.
6. Indultó a los condenados del 1-O.
7. Borró el delito de sedición.
8. Rebajó la malversación.
9. Blanqueó a Otegi como socio de Gobierno.
10. Pactó con Bildu la memoria democrática.
11. Le entregó la alcaldía de Pamplona.
12. Impulsó la excarcelación masiva de etarras.
13. Colonizó todas las instituciones.
14. Extendió su injerencia a las empresas privadas.
15. Linchó a los jueces que investigaban a los suyos.
16. Intentó liquidar la independencia judicial.
17. Llamó fango a la prensa crítica.
18. Criminalizó la discrepancia.
19. Maniató al Parlamento.
20. Encadenó una legislatura entera sin presentar Presupuestos.
21. Pulverizó el principio de responsabilidad política.
22. Despreció la rendición de cuentas.
23. Asaltó la televisión pública.
24. Impuso un confinamiento inconstitucional.
25. Intentó manosear el censo electoral.
26. Su fiscal general fue condenado por revelación de secretos.
27. Su mano derecha fue condenado a 24 años por corrupción.
28. Su otra mano derecha espera juicio por corrupción.
29. Su hermano fue condenado por prevaricación.
30. Su mujer está procesada por corrupción.
31. Su entorno convirtió las mascarillas en negocio.
32. Predicó feminismo mientras enchufaban a prostitutas en empresas públicas.
33. Pagó a cloacas para intimidar a jueces, fiscales y policías.
34. Rebajó las penas a más de mil agresores sexuales.
35. Prometió vivienda asequible y dejó alquileres prohibitivos.
36. Hundió el mercado del alquiler.
37. Promovió la okupación.
38. Pulverizó las esperanzas de los jóvenes.
39. Impuso un infierno fiscal.
40. Descontroló la deuda pública.
41. Empobreció a los españoles.
42. Degradó los servicios públicos.
43. Erosionó las fronteras.
44. Aprobó una regularización masiva de inmigrantes.
45. Presidió el desplome de la Educación.
46. Abandonó a los castellanohablantes en Cataluña.
47. Convirtió la gestión ferroviaria en un caos.
48. Abandonó a las víctimas de la DANA.
49. Provocó con su dogmatismo un apagón masivo.
50. Se lavó las manos de los 46 muertos de Adamuz.
51. Medró con la corrupta dictadura venezolana.
52. Recibió a Delcy Rodríguez en Barajas.
53. Protegió a Zapatero a pesar de sus comisiones y joyas millonarias.
54. Provocó conflictos diplomáticos con los aliados naturales de España.
55. Entregó el Sáhara a Marruecos sin pasar por el Congreso.
56. Declaró que Ceuta había sufrido un ataque y se marchó un mes de vacaciones.
57. Degradó la vida pública.
58. Normalizó la indecencia.

Comentario personal

En realidad, se quedan cortos los que esto escriben:

La miseria y degradación de España, que ya está ocurriendo, y que pretende perpetuarse, como en Cuba y Venezuela, sin ir más lejos, va unida [... ¡no debemos de olvidarlo! ...] al abandono de Dios por parte de la sociedad española.

Sólo si se tiene en cuenta que la soberanía no reside en el pueblo sino en Dios, sólo entonces, esta sociedad progresará, en el sentido más genuino de la palabra progreso; un progreso que va unido siempre a la verdad; y una verdad que está encarnada en Jesucristo, verdadero hombre y verdadero Dios. Sin el Señor Jesús nada podemos hacer (y no sólo la sociedad española sino toda la humanidad) y caminamos indefectiblemente hacia nuestra autodestrucción.

El arma más poderosa que tenemos los católicos para luchar contra estas fuerzas infernales es la oración, una oración ferviente y confiada. Dios nos escucha siempre y, si le somos fieles, no nos abandonará nunca. 

Por eso, no nos cansemos de rezar. Y en este caso concreto, recemos por España, tierra de María. El rezo del Santo Rosario tiene una eficacia que los enemigos de la fe desconocen por completo.

José Martí

domingo, 4 de octubre de 2026

Una serie de catastróficas desdichas. Cierto tradicionalismo y León XIV

EL WANDERER




“C’est pire qu’un crime, c’est une faute_”_
Atribuida a Talleyrand

Introducción

“Es peor que un crimen, es una estupidez”. En 1804 el Primer Cónsul Napoleón había dado por finiquitado los desmanes revolucionarios y ya se podía dar a conocer por toda Europa como un gobernante confiable y razonable. Sin embargo, en marzo de ese mismo año su ejercito secuestró al Borbón duque de Enghien en tierra extranjera, lo juzgó sumariamente e inmediatamente lo ejecutó en el paredón. Volvían los tiempos en que parecía que los franceses tenían patente del Corso, y podían romper a su sabor las soberanías de los reinos y países europeos a la buena usanza jacobina. Fue peor que un crimen, fue una estupidez porque el asesinato apenas le reportó beneficios —castigar una supuesta conspiración—, sino innumerable perjuicios ya que hizo que Napoleón jamás pudiera reconciliarse con los Borbones y le impidió ser aceptado por el resto de Europa como un igual. Esa sangre vertida levantó un muro formidable alrededor del gran Corso que finalmente lo destruyó. No es nada extraño que se la atribuyeran al gran diplomático y excelso superviviente Talleyrand.

Desde que salió León XIV al balcón de la basílica de San Pedro, casi todo el tradicionalismo ha entrado en un estado de histeria colectiva contra el nuevo Papa. Ni siquiera se había trasladado al Palacio Apostólico cuando ya recibía ataques feroces, exigencias desmesuradas, denuncias intempestivas, gritos ensordecedores e, incluso, chantajes como los de la Fraternidad de San Pio X. De hecho, los primeros problemas y dolores de cabeza no fueron los progresistas, desfondados, ni los neocones, hundidos, sino de algunos grupos tradicionalistas. Una insaciabilidad de Agujero Negro, que todo lo engulle en su negra oscuridad y nada le colma ni le calma. Ni un rayo de luz escapa de un agujero negro, ni un poco de esperanza sale de estas mentes. Maniqueísmo puro y suma estupidez.

No tengo ni idea de por qué ha ocurrido esto ni sé la causa profunda de ello, aunque tengo algunas sospechas e intuiciones pero, como ya hemos tenido la acusación de leer las consciencias, de falta de caridad y de juicio temerario, hemos decidido que intentaremos no meternos en juicios internos sino hacer un ejercicio de realismo político eclesiástico a la manera de Maquiavelo y Tácito para ver las oportunidades perdidas y los graves errores cometidos.

Estado de tradicionalismo durante de elección de León XIV

El Papa León fue elegido sumo pontífice el día 8 de mayo del 2025. Por primera vez en muchísimo tiempo el tradicionalismo y sus aliados jugaron bien sus cartas y formaron parte del bando ganador del cónclave. Por una vez y sin que sirva de precedente, viendo lo visto ahora, se actuó con perspicacia, prudencia e inteligencia. Además de esta gran ventaja de no ser enemigos ni opositores al pontífice desde el comienzo, en el momento de la aparición de Prevost en el balcon de San Pedro, se contaba con el siguiente capital locamente dilapidado en aspavientos:

En primer lugar, el capital simbólico de ser las principales víctimas del tiránico Francisco, Papa que llegó a ser odiado de forma universal por casi todas las facciones eclesiásticas, desde las más progresistas hasta las más conservadoras, por su desgobierno, injusticia, personalismo, delación e incompetencia. Este caos despótico hizo que todos los enemigos de Francisco vieran con simpatía al tradicionalismo, le dieran la razón en muchos de sus planteamientos y lo aceptaran como un jugador legítimo más.

En segundo lugar, con León XIV asciende una nueva generación muy distinta a las anteriores, donde el Vaticano II y sus consecuencias se vivían como algo personal y vital. La generación de Prevost es más pragmática y racional, y ha asumido el Concilio como un hecho de la historia, sin la carga polémica de los anteriores. Es el primer pontífice que no participó ni le afectó el gran suceso eclesiástico del siglo XX, ni sus luchas ni sus prejuicios. Podría estar abierto al debate constructivo de muchos aspectos importantes y fundamentales, incluido el encaje de la Misa Tradicional y sus movimientos.

En tercer lugar, el desfondamiento profundo de todo el progresismo. El progresismo realmente existente de Francisco ha sido tan letal como el soviético para sus defensores. Es una derrota en todos los frentes, moral, política, institucional. Como en 1989, sólo queda la nomenklatura en los mandos. Por otro lado, el clima político y social de los centros del progresismo, Europa y América del Norte, están virando en contra con profundidad. No habrá apoyos externos que presionen fuertemente desde fuera como con Benedicto XVI. El progresismo no iba a poner graves impedimentos pues está desfondado y disperso interna y externamente.

En cuarto lugar, el crecimiento del propio tradicionalismo tanto en número como en influencia, gracias al sacrificio muy poco correspondido y nada agradecido, de un Papa, del gran Benedicto XVI, que dio libertad, autoridad moral y prestigio da través de su figura humana e intelectual, para la recuperación de la Misa Tradicional. El tradicionalismo estaba más fuerte que nunca y con una imagen renovada sin las rémoras del pasado.

Este era el estado en que se encontraba el tradicionalismo en el momento de la proclamación de León XIV. El mejor desde la muerte de Pio XII en 1958 y con mayores posibilidades de renovación en todos los frentes y colaboración en la restauración de la Iglesia. En un año se fue todo al garete por soberbia, revanchismo, fariseísmo e insaciabilidad. Por mezquindad, idiocia y fatuidad.

Comienzo de la tragedia

Prevost fue elegido como Papa de consenso para devolver normalidad a la Iglesia y su gobierno cotidiano, poner algo de paz a las facciones que desgarraban la Iglesia y evitar las sucesivas imposiciones de los bandos. En la memoria de todos estaba el período terrible de la llamada “sede vacante” (2000-2005), los enfrentamientos cainitas del pontificado de Benedicto XVI (2005-2013) y la tiranía francisquista (2013-2025) Es decir, se eligió un administrador competente que devolviera un funcionamiento normal al Vaticano, y a un moderador que evitara el cisma después de 25 años de guerra civil. A eso se ha dedicado todo este tiempo con el acuerdo de todas las facciones, desde casi todos los francisquistas como Tucho o Parolin, hasta los más conservadores como Sarah o Müller, sea por interés desinteresado o muy personal. ¿Todos? No, sólo algunos grupos tradicionalistas se opusieron en una de las políticas más suicidas, contraproducentes y estúpidas que se recuerde.

De conscriptione modernistarum

Ya hablé en uno de los artículos más polémicos de la insaciabilidad, que es una muestra de la soberbia que nos corroe. Sólo se puede exigir legítimamente el mínimo pedido por Dios: el Credo, los Mandamientos y los Sacramentos lícita y válidamente celebrados con los ritos aprobados por la Iglesia. Todo lo demás, por muy bueno, santo y bonito que sea, está al servicio de estos fines y dentro del ámbito de la prudencia, por lo que debe haber libertad y reconocimiento de la licitud de otras opciones. 

Pero algunos no lo entendieron y empezaron a exigir una purga mayor de todos los francisquistas tras la acusación de que León XIV era un nuevo Francisco (¿Nadie ve la contradicción aquí?). Y estos mismos grupos exigentes eran sus clones más fieles pero invertidos; son Bergoglios tradis en miniatura. Es decir, piden volver a la guerra civil y con muy poco poder real en las manos, rompiendo la frágil tregua. Destruyeron la imagen de víctimas injustamente maltratadas, y se adjudicaron otra de futuros tiranos y revanchistas furibundos.

De Bello Titulaico

Primer error del pontificado fue la publicación del documento de los títulos de la Virgen y de la mano de quien sabemos, el Tucho. No obstante, el oponerse a esos títulos es tan legítimo como su defensa, puesto que no son dogmas, que nadie niega el fondo del asunto sino su formulación y que son muy recientes y para nada populares, sino devociones de grupos muy acotados. Este escrito se debería haber contestado con un debate profundo, dando razones teológicas, revisitando los Padres y los Santos, y con muestras de devoción mariana auténtica. Se contestó al documento con histeria digna de los Monthy Pitton, con ataques personales a León XIV, el Tucho y otros (¿dónde quedó el no juzgar consciencias?) y con violencia simbólica para acallar a los contrarios con acusaciones de herejía, blasfemia y sacrilegio por una disputa menor y legítima. Los defensores de la Fe y la Tradición se mostraron como censores y secuaces fanáticos, en vez de profundos teólogos y personas de piedad probada como los Padres y Santos de antaño .

De schisma êconistarum

Finalmente, el cisma de los econitas, la puntilla. Ante una petición de unidad y de colaboración con todos, se respondió con altivez y se ha mostrado de que, si no interesa, se hace rancho aparte, se chantajea a toda la Iglesia con excusas estrafalarias, y peor, se ha visto a un grupo, injustamente pero con algo de razón, que, en el fondo y calladamente, se creen la única iglesia verdadera con los únicos sacramentos verdaderos y la única espiritualidad verdadera que quiere imponerse al resto, ilegítimos leprosos de modernismo.

Esta son las tres desdichas que han hundido el tradicionalismo cuando tenía una oportunidad de oro, casi única en décadas, para poder prosperar, ofrecer sus tesoros y colaborar con el resto de grupos sanos en la restauración de la Iglesia. No ha sido así; ha faltado inteligencia, humildad y autocrítica, ha faltado amor a la Iglesia y a Cristo, ha faltado el espíritu crítico para diferenciar lo esencial y lo accesorio. Ha sobrado soberbia, fanatismo, fariseísmo; han sobrado ídolos a los que adorar, incensar y sacrificar y se ha exigido lo que no se podía exigir legítimamente. Se ha dilapidado alegremente el capital aportado por el sufrimiento y se ha demostrado que están tan enfermos como los demás y que, en el estado actual, si se hicieran con los mandos de la Iglesia y tuviesen las manos libres para imponer sus ideas, sobrevendría otra gran tragedia a la Iglesia. Justos juicios de Dios porque ningún -ismo salva, aún teniendo lo más bueno y santo, sino Él mismo y su insondable providencia

Conclusión

No conozco al papa León XIV ni nadie le conocía hasta su elección. No sé si será un Francisco II más presentable, un Benedicto XVII o un Pio XIII. Sí sé que los papas no heredan ni son heredados, quieran o no. Tampoco me importa mucho lo que digamos de él; lo que me importa es lo que hagamos nosotros, puesto que es esto lo que depende de nuestra mano. Quizás la mayor sorpresa que puede deparar su pontificado es que haga lo que le pidieron que hiciera. Además, no se sabía ni siquiera donde nació, no se había oído apenas su voz cuando se produjeron los primeros ataques y no había pasado ni un mes cuando se le atacó con furor por lo que nada me valen las excusas actuales de si nos gusta o no, lo que hace y lo que no hace. Se le condenó por adelantado cuando no se había recibido ni una mala palabra ni una mala acción, ni un insulto ni una condena, ni nada. Se le despreció cuando ofreció palabras y oportunidades de debate y negociación razonable y no se le apoyó cuando ejerció su labor de defensa de la unidad de Iglesia. ¿Qué esperaban que fuera la respuesta? ¿Flores, besos y sonrisas…?.

Nunca sabremos lo que se hubiera conseguido con otro comportamiento y actitud, quizás nada, pero sí que, por lo menos, se hubiera conseguido la autoridad, el prestigio y el honor ante toda la Iglesia, el reconocimiento de la justicia y razón de la Misa Tradicional, y la convicción de total lealtad, lealtad en el bien y la verdad, a la sede de Pedro y a toda la Iglesia Católica. Hoy no se hubieran visto los frutos pero mañana sí. Este era el camino del Divino Maestro durante su vida terrenal.

Por una vez están de acuerdo todos los moralistas, sean realistas o idealistas: stultitia est peccatum. Lo que se ha hecho ha sido un error gordísimo, un suicidio, unas larga serie de decisiones desdichadas. Han atado las manos al pontífice si éste tenía la intención de solucionar el problema de forma pacífica y razonable, y dado razones válidas para castigar. Ahora no puede otorgar nada sin parecer que abdica de su autoridad y sin que parezca que alimenta un cáncer que pone en peligro a la Iglesia. Los efectos los estamos viendo ya y el principal daño lo están recibiendo lo más inocentes. Todavía hay una oportunidad para enmendar el daño aunque se necesita un grado heroico de humildad, y es bajar del pedestal al que nos hemos subido, derribar los ídolos, cambiar de actitud, asumir responsabilidades y volver a lo esencial: buscar el Reino de Dios. Lo demás se dará por añadidura.

Termino con una frase, esta vez sí, pronunciada con certeza por Talleyrand, el mejor resumen de lo que ha pasado: “Nunca debe cometerse la imprudencia de exigir al presente lo que el porvenir nos aportará con menos esfuerzo.”

Eck